jueves, 15 de mayo de 2008

MAESTRO ZEN

En mi vida nunca pensé que llegaría a tener un maestro Zen. Cual pequeño saltamontes, voraz y dispuesto a aprehender lo que se tercie, le escucho atentamente mientras degustamos un buen Ribera del Duero y unas exquisitas chuletillas de cordero que ha cocinado mi esposa para los dos. Él intenta convencerme de la necesidad que tiene el ser humano de desprenderse absolutamente de todo lo material para llegar a la felicidad plena. Con estos ricos manjares sobre el mantel -le contesto tímidamente- es ciertamente complicado. Lo afirma. Me cuenta que hace meditación trascendental con cierta frecuencia. Que levita y puede llegar a leer lo que hay detrás del corazón de las personas. Que sueña despierto y consigue rezar dormido. Dice que es una cuestión de concentración, pensamiento y respiración adecuada. Detrás, intuyo, hay muchos años de trabajo, estudio y áscesis sincera. El abandono cristiano tiene algo que ver también con esta filosofía oriental. Me acuerdo de lo que dice el maestro verdadero: "El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará". Se nos funde la cabeza. En vez de vaciarnos de todo para dejarnos llenar por la naturaleza y el cosmos, consideramos que hay que desprender el corazón de las cosas materiales para abandonarse totalmente a la Confianza y al Amor con mayúsculas. Seguro que todo esto tiene algo que ver con la mística y la ascética. Junta las manos e inclina la cabeza. Sonríe y sus ojos se achinan. Un maestro Zen ha entrado en mi vida. Es bastante cristiano. Les mantendré informados.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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