domingo, 22 de noviembre de 2009

HERMAN VAN ROMPUY: UN CATÓLICO PRESIDENTE DE LA UE

Ya sabía yo que cuando se tacha a alguien de gris y sin carisma en nuestra sociedad mediática es, cuando menos, sospechoso por algún oscuro e interesante motivo. Hurgando en la biografía del primer ministro belga, Herman Van Rompuy, recién elegido a sus 62 años presidente permanente de la Unión Europea, se descubren algunos aspectos interesantes. Por ejemplo los que cuenta en su edición dominical el diario El País bajo el sugerente título de: "Es cínico, es espiritual, es Van Rompuy". Es hombre decidido, de pocas, pero definitivas palabras, que marca claramente el terreno, con un punto de humor si es necesario. "El sentido del humor ayuda mucho. Ayuda a relativizar los problemas". Educado en los jesuitas, licenciado en filosofía, doctorado en economía, felizmente casado y padre de cuatro hijos, dice tener a timbre de honor que le llamen jesuítico. Lo que para otros es sinónimo de hipocresía y doblez, para él lo es de culto a la razón. Intelectual católico, Van Rompuy tiene publicado el libro "El cristianismo, un pensamiento moderno" y es un lector voraz de amplio espectro dentro de la calidad, que admira la integridad de Albert Camus o de Alexander Solyenitzsin y lo mismo se recrea con Jacques-Bénigne Bossuet que con André Malraux, con el superventas plácido Eric-Emmanuel Schmitt que con el prosaico Alan Greenspan. Goza con Jean-Marie Gustave Le Clézio y sus exploraciones de otros mundos que están en éste, quizá como un modo vicario de escapar al absurdo y el ruido cotidianos. Quienes le conocen le tildan de misántropo frustrado y, espiritual hasta la médula, suele retirarse tres o cuatro veces al año a un monasterio. "La política no es todo en la vida", ha dicho en más de una ocasión. "Para mí las cuestiones sobre la vida y la muerte son más importantes que la política". Una buena lectura, una cerveza, algo de fútbol, con el Anderlecht de por medio, algo de ciclismo y un jardín le bastan para ser feliz. Hombre político en una familia política (un hermano, también democristiano, como montaraz nacionalista flamenco; una hermana roja, y un hijo primogénito activo en las juventudes del partido), Van Rompuy ha recorrido por sus pasos contados todos los escalones hasta llegar a la cúspide, por más que se resistiera a ser primer ministro hace casi un año y tuviera que intervenir el rey para forzarle a pasar el trago. Además el presidente electo practica con gusto la escritura de haikus, esos delicados micropoemas de tres versos no rimados y diecisiete sílabas (5+7+5) consustanciales al alma nipona. Durante su época fuera del Gobierno el belga llamó mucho la atención por su curiosa tendencia de escribir sobre los acontecimientos de su vida cotidiana y la actualidad política en forma de haiku en su blog. Uno de ellos: "Tiempo. La vida es navegar en el mar del tiempo, pero sólo el mar queda".

1 comentario:

Rafael B. dijo...

Interesante, supongo que está preparado para lo que le espera. Cuando alguien quiera llevar la contraria a alguna decisión suya en lugar de utilizar argumentos, atacará su condición de católico, que ya se sabe que es la fuente de todos los males...

Psss, creo que se te ha escapado un urgando por hurgando. Alguien se te ha comido una hache. Saludos.