viernes, 11 de septiembre de 2009

GERARD DEPARDIEU Y SAN AGUSTÍN

Su apellido, Depardieu, significa "de parte de Dios" y eso, asegura, siempre le ha dado mucha seguridad en la vida. Hijo de un pobre hojalatero que llegó a ser gregario del tour de Francia, Gerard nació en el seno de una humilde familia numerosa francesa que lo educó, a su manera, en el catolicismo: "Yo era una hierba que crecía salvaje, siempre animada por las ganas de hacer el bien. Era católico, no practicante, y siempre tenía en mí la presencia del misterio. Sin conocer nada, incluso sin saberlo, tenía la fe, pues la fe es, precisamente, las ganas de vivir, de vivir y de captar todo". El célebre actor francés, que cuenta con más de ciento cincuenta películas en su curriculum, ha contado al diario frances La Croix cómo se engancho a San Agustín tras un viaje a Roma en el Jubileo del año 2000: "Todo comenzó en Roma, durante el Jubileo del 2000. Quise ir en peregrinación porque siempre he admirado mucho a Juan Pablo II. Me colocaron entre los cardenales y me presentaron al Santo Padre. Él me miró y exclamó en dirección a los cardenales que le rodeaban: «¡Agustín! ¡Tenéis que hablarle de Agustín!» El cardenal Poupard me aconsejó que comenzara con Las Confesiones. La lectura no me resultó fácil al inicio, pero las palabras de Agustín me cautivaron". A partir de entonces cuenta cómo este libro le cambió la vida: "Su reflexión me pareció sublime y me remitió a mí mismo, a mi itinerario personal. Entre los 15 y los 17 años no sabía explicarme, no era capaz de hablar a causa de una hiperemotividad patológica. Sólo gracias a las palabras de los demás, de los escritores, logré sosegarme. Las palabras de Agustín y lo que dejan entender nos ofrecen toda su verdadera dimensión. Me he atado a ese libro, hasta el punto de que me sigue atrayendo con fuerza a pesar de que lo leo todos los días. He estado acudiendo durante veinte años a un psicoanalista. Pues los libros X y XI de las Confesiones (¡un pozo de referencias para los psicoanalistas!) ofrecen respuestas a nuestras preguntas más íntimas y calman nuestros interrogantes más dolorosos". Desde hace años el mejor intérprete de Cyrano de Bergerac ha organizado varias lecturas públicas de la obra de San Agustín en la catedral de Notre Dame, en París, en el Oratorio del Louvre, y después en la catedral de Estrasburgo y en Burdeos. Depardieu también aceptó la invitación de Umberto Eco para recitar la obra del de Hipona en el escenario de la Universidad Católica de Milán. Entre sus planes futuros está el hacer dicha representación frente a un público de confesión protestante u ortodoxa, e incluso en el Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, y en una mezquita. Con ocasión de una de estas lecturas afirmó: "San Agustín es para mí la cuestión del por qué. Es el misterio, el misterio de la vida. Amo observar a la gente en oración –no hablo de los fanáticos, o de aquellos que utilizan la religión para anestesiar su dolor–. Amo el verbo de San Agustín, la palabra de sus meditaciones, el sonido que mana de ellas".

2 comentarios:

MARISELA dijo...

Amigo Gaudencio: en mi blog hay un premio para tí, espero que te guste.
Saludos y bendiciones.

Anónimo dijo...

Amiguete Gaudenciete, comparte ese premio con el resto. Qué es lo que te regala la Bella Marisela?