viernes, 4 de julio de 2008

BETANCOURT, GRACIAS A DIOS Y A LA VIRGEN

Ha sido muy emocionante escuchar las primeras palabras de la recién liberada Ingrid Betancourt. Han resonado con la fuerza católica de la convicción hecha vida y la alegría de la auténtica libertad. Es curioso cómo ha pasado totalmente desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación un elemento que, sin duda, ha tenido mucho que ver con la fortaleza que le ha ayudado a soportar el terrible cautiverio que ha vivido en estos últimos largos años y que ha formado parte del eje central de su primer discurso: una fuerte Fe en el poder de la Oración que no ha decaído ni en los peores momentos de sufrimiento y angustia. Con la mayor naturalidad del mundo Ingrid ha dado las gracias a Dios, ha hablado de su oración, de la Virgen, del Rosario, del milagro de la vida, de su cautiverio, de su fortaleza y del sentido de su existencia. Nada más bajar del avión la hemos escuchado decir con una gran alegría cosas tan bellas e impactantes como estas: "Vamos a ver si me sale la voz porque estoy muy, muy emocionada. Acompáñenme primero a dar gracias a Dios, a la Virgen... ¡Mucho le recé!... Mucho me imaginé este momento... con mi mamita...no más llanto. A Dios primero, segundo a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones, que pensaron en mi, que me tuvieron en su corazón, así fuera por un momentico... Esta mañana cuando me levanté, recé el rosario a las cuatro de la mañana, me encomendé a Dios, tenía la expectativa de que pronto alguno de nosotros, de pronto pudiera ser liberado". El poder de la oración, la fortaleza de la Esperanza y la Confianza que da vivir sabiéndose siempre en manos de Dios. Cualquier circunstancia o situación que la vida nos ponga delante cobra sentido a los ojos de la fe y de la experiencia del encuentro con Cristo. Basta con ejercitar la sintonía con asiduidad. Del resto se encarga Él.

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