domingo, 23 de noviembre de 2008

CRUCIFIJO EN LAS ESCUELAS

La verdad es que sólo la ignorancia, el desconocimiento y los prejuicios trasnochados pueden explicar que a algunos les moleste, de verdad y en conciencia, que haya crucifijos en lugares públicos como las escuelas. La cuestión y polémica no es nueva ni se va a terminar aquí. El problema está en que en España siempre vamos con retraso, sin afán positivo de superación, y somos incapaces de desprendernos de odios y rencores viscerales heredados culturalmente de algunos, insignes y ruidosos, antepasados. Ya lo dejó por escrito Miguel de Unamuno en los años treinta cuando se planteó por decreto lo mismo en plena República: "La presencia del Crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentimiento ni aún al de los racionalistas y ateos; y el quitarlo ofende al sentimiento popular hasta el de los que carecen de creencias confesionales. ¿Qué se va a poner donde estaba el tradicional Cristo agonizante? ¿Una hoz y un martillo? ¿Un compás y una escuadra? O ¿qué otro emblema confesional? Porque hay que decirlo claro y de ello tendremos que ocuparnos: la campaña es de origen confesional. Claro que de confesión anticatólica y anticristiana. Porque lo de la neutralidad es una engañifa". En el año 2006 el Consejo de Estado italiano se pronuncio sobre esta misma cuestión asegurando que su presencia en las aulas no era contraria a la laicidad y apelando además a su raíz y significado civil: "en Italia, el crucifijo es apto para expresar –en clave simbólica, desde luego, pero de modo adecuado– el origen religioso de los valores de tolerancia, respeto mutuo, estima por la persona y afirmación de sus derechos y su libertad, autonomía de la conciencia moral ante la autoridad, solidaridad humana, rechazo de toda discriminación; valores característicos de la civilización italiana". Todo esto viene al hilo de la reciente sentencia de un juez español que ha obligado a quitar todos los crucifijos de las aulas de un colegio de Valladolid donde llevaban colgados desde 1930. Siempre que se habla de este asunto me acuerdo del impactante artículo que redactó la escritora italiana Natalia Ginzburg en el diario L´Unitá, órgano oficial del partido comunista italiano, en 1988: “El crucifijo no genera ninguna discriminación. No habla. Es la imagen de la revolución cristiana que ha difundido por el mundo la idea de igualdad entre los hombres, hasta entondes desconocida. La revolución cristiana ha cambiado el mundo. ¿Queremos tal vez negar que ha cambiado el mundo? Para los no católicos, el crucifijo puede ser simplemente la imagen de uno que ha sido vendido, traicionado, torturado y muerto en la cruz por amor de Dios y del prójimo. Quien es ateo cancela la idea de Dios, pero conserva la idea del prójimo. Cristo representa a todos porque nadie había dicho nunca que todos los hombres son iguales y todos hermanos”. Sólo la obsesión laicista y el odio a todo lo que tenga que ver con lo trascendente puede explicar esta fiebre para descolgar de la sociedad actual cualquier símbolo religioso que se precie. Buen momento para recordar las palabras del también agnóstico y socialista español, profesor Tierno Galván, quien respondía así a los que le criticaban por no quitar el crucifijo de su despacho de alcalde de Madrid en su toma de posesión: "Claro que no lo pienso quitar –aseguraba el viejo profesor- porque este crucifijo es el símbolo más universal del amor y la misericordia sin límites, que es mucho más aún que la mera tolerancia". Conste que ninguno de los argumentos empleados en este artículo para defender la presencia de los crucifijos en las escuelas proviene de personas e instituciones puramente católicas. Todo muy aconfesional y laico.

2 comentarios:

Rafael B. dijo...

Curiosa ironía final la tuya, jeje. Me ha gustado tu blog, creo que lo añadiré a mi blogroll.
Un saludo y gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

Ayer me pasaron este enlace sobre la retirada de los crucifijos. ¿Te importaría facilitarme dónde están escritos los comentarios de Unamuno y de Tierno Galván?. Tengo pensado utilizarlos y divulgarlos. Gracias.
Mi e-mail: garauetxea@ono.com
Mikel Garau.