viernes, 24 de octubre de 2008

DANIEL BURMAN

Cuando menos te lo esperas, de la forma más natural y cotidiana, la vida te regala uno de esos momentos que merece la pena ser saboreado con calma. Así es como, atrapado por la maraña de sentimientos contradictorios y confusos a los que la paternidad te condena, aparece en la televisión una película que pone las mejores palabras y sensaciones a lo que te está pasando. Había oído hablar bien de un director de cine argentino llamado Daniel Burman que con tan sólo 35 años cuenta ya con seis películas a sus espaldas. También sabía que la Santa Sede había otorgado, curiosamente a un judío, el premio Robert Bresson en el reciente Festival de Venecia y que su última película, "El nido vacío", acaba de subir al palmarés del Festival de San Sebastián y se estrena este fin de semana en las principales salas cinematográficas de toda España. Pero no había visto ninguna película suya hasta que esta noche en la 2 de TVE, Cayetana Guillén Cuervo, nos ha obsequiado con "Derecho de familia" en su programa Versión Española. Los lectores habituales del blog saben que de cine sé más bien poco y que no soy buen crítico. Sin embargo creo saber porqué una película me parece buena y me ha gustado. Así ha ocurrido con ésta. Burman asegura que el gran tema que hay para contar, a su juicio el único, es el de LA FAMILIA. Tal y como ha narrado siempre toda la literatura clásica es lo que nos configura, determina y explica en lo más profundo de nuestro ser. Con nuestras grandezas y nuestras miserias, con nuestros defectos y virtudes, desde un punto de vista muy íntimo y, a veces, inconfesable. Seamos huérfanos o vengamos de una numerosa, todos tenemos una familia y por tanto una importante tensión dramática que nos proyecta hacia el futuro. Todo ello sin estridencias, naturalidad y con la continua sensación de que la vida se nos escapa entre las manos. Especial atención merece para el cineasta gaucho la relación entre padres e hijos. Nos pasamos la vida luchando contra el legado que nuestros padres, con su educación, nos han transmitido para volver a vernos retratados en la siguiente generación por algo más que la carga genética. Tratado además con una gran elegancia fílmica, optimismo, sentido del humor, una exquisita narrativa de lo cotidiano y una magistral interpretación de su actor fetiche Daniel Hendler. En las películas de Burman las cosas realmente interesantes transcurren de la forma más real, sencilla y cotidiana. Como en la vida. Sin sobresaltos ni poses hollywoodienses. Apunten el nombre de este joven y brillante director. Es un tipo simpático, original y con una sensibilidad humana y espiritual fina y positiva. Sus películas son cercanas porque las historias que cuenta están muy pegadas a la realidad y transcurren con la sinceridad de la ilógica lógica del amor. La cámara es realmente testigo de la vida que transcurre sin quitar ni un ápice de verdad ni espontaneidad a lo que pasa. Burman es un descurimiento. Síganle la pista. Contará historias que, sin duda, van a merecer la pena.