sábado, 3 de abril de 2010

B16: HACER DE MI VIDA ALGO HERMOSO Y GRANDE

Con motivo de la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la primera Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI se ha reunido esta Semana Santa en Roma con miles de jóvenes. Se trata de un interesante diálogo en formato pregunta-respuesta. Me han gustado especialmente las palabras del Papa a una joven que decía: "No quiero tirar mi vida, quiero vivirla hasta el fondo, y no estar sola. ¿Es posible hacer de mi vida algo hermoso y grande?" La respuesta de B16 no tiene desperdicio: "Usted nos ha dicho que no sabe qué es la vida eterna y que no sabe imaginársela. Ninguno de nosotros es capaz de imaginar la vida eterna, porque está fuera de nuestra experiencia. Con todo, podemos comenzar a comprender qué es la vida eterna, y creo que usted, con su pregunta, nos ha dado una descripción de lo esencial de la vida eterna, es decir, de la verdadera vida: no tirar la vida, vivirla en profundidad, no vivir para sí mismos, no vivir al día, sino vivir realmente la vida en su riqueza y en su totalidad. ¿Y cómo hacer? Esta es la gran cuestión, con la que el rico del Evangelio vino al Señor (cfr Mc 10,17). A primera vista, la respuesta del Señor parece muy seca. En resumen, dice: observa los mandamientos (cfr Mc 10,19). Pero detrás, si reflexionamos bien, si escuchamos bien al Señor, en la totalidad del Evangelio, encontramos la gran sabiduría de la Palabra de Dios, de Jesús. Los mandamientos, según otra Palabra de Jesús, se resumen en este único: amar a Dios con todo el corazón, con toda la razón, con toda la existencia y amar al prójimo como a sí mismo. Amar a Dios, supone conocer a Dios, reconocer a Dios. Y este es el primer paso que debemos hacer: intentar conocer a Dios. Y así sabemos que nuestra vida no existe por casualidad, no es casualidad. Mi vida es querida por Dios desde la eternidad. Yo soy amado, soy necesario. Dios tiene un proyecto conmigo en la totalidad de la historia; tiene un proyecto precisamente para mi. Mi vida es importante y también necesaria. El amor eterno me ha creado en profundidad y me espera. Por tanto, este es el primer punto: conocer, intentar conocer a Dios y comprender así que la vida es un don, que es bueno vivir. Después lo esencial es el amor. Amar a este Dios que me ha creado, que ha creado este mundo, que gobierna entre todas las dificultades del hombre y de la historia, y que me acompaña. Y amar al prójimo. Los diez mandamientos a los que Jesús apunta en su respuesta, son sólo una explicitación del mandamiento del amor. Son, por así decirlo, reglas del amor, indican el camino del amor con estos puntos esenciales: la familia, como fundamento de la sociedad; la vida, que hay que respetar como don de Dios; el orden de la sexualidad, de la relación entre hombre y mujer; el orden social, y finalmente, la verdad. Estos elementos esenciales explicitan el camino del amor, explicitan cómo amar realmente y cómo encontrar el camino recto. Por tanto, hay una voluntad fundamental de Dios para todos nosotros, que es idéntica para todos nosotros. Pero su aplicación es diversa en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso con cada hombre. San Francisco de Sales dijo una vez: la perfección, es decir, ser bueno, vivir la fe y el amor, es sustancialmente una, pero con formas muy distintas. Muy diversa es la santidad de un cartujo y de un político, de un científico o de campesino, etc. Y así, para cada hombre, Dios tiene su proyecto y yo tengo que encontrar, en mis circunstancias, mi manera de vivir esta única y común voluntad de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en esta explicitación del amor. Y buscar también por tanto realizar lo que es la esencia del amor, es decir, no tomar mi vida para mí, sino dar la vida; no “tener” la vida, sino hacer de la vida un don, no buscarme a mí mismo sino darme a los demás. Esto es lo esencial, e implica renuncias, es decir, salir de mí mismo y no buscarme a mí mismo. Y precisamente no buscándome a mí mismo, sino dándome para las cosas grandes y verdaderas, encuentro la verdadera vida. Así cada uno encontrará, en su vida, las distintas posibilidades: comprometerse en el voluntariado, en una comunidad de oración, en un movimiento, en la acción de su parroquia, en su propia profesión. Encontrar mi vocación y vivirla en cada lugar es importante y fundamental, sea uno un gran científico o un campesino. Todo es importante a los ojos de Dios: es hermoso si se vive hasta el fondo con ese amor que realmente redime al mundo".