jueves, 17 de junio de 2010

¿SE PUEDE SER FELIZ CON UNA DURA ENFERMEDAD?

La entrevista íntegra ha sido publicada con gran acierto por la agencia de noticias de la Archidiócesis de Valencia AVAN y lleva la firma del periodista Eduardo Martínez. Después la han repicado el resto de medios de comuniación de todo el país (El Mundo, ABC, Las Provincias...) con titulares como "Ser Feliz viviendo boca abajo", "La Fe mueve más que montañas" o "Esta enfermedad es lo mejor que me ha pasado en mi vida". La verdad es que el testimonio es impactante y profundo. La religiosa Carmen Bonilla, perteneciente a la congregación Hermanas de la Caridad de Santa Ana en Valencia, de 62 años de edad, permanece desde hace veinte tumbada boca abajo a consecuencia de una fibromatosis extraabdominal agresiva que le ha hecho pasar por el quirófano más de cuarenta veces. Es natural de Sevilla y permanece en la ciudad del Turia desde hace más de 40 años. Todas las operaciones han sido para extirparle los numerosos quistes que periódicamente aparecen en la zona de sus glúteos y para cerrarla después con injertos de su propia carne. Además, su coxis ha sido parcialmente cortado y, a consecuencia de una herida crónica en él, que necesita todavía de curas todas las semanas, debe permanecer boca abajo de forma permanente. Por todo ello, su cuerpo está paralizado de cintura para abajo y, de hecho, la religiosa sufre una invalidez permanente absoluta, según consta en su historial médico. Carmen puede incorporarse sobre sus antebrazos y mover con soltura las extremidades superiores. Gracias a ello, la religiosa lee a diario, come por ella misma y realiza muñecas de tela que después ofrece a cambio de donativos para personas sin recursos del tercer mundo. Se traslada por el convento en el que vive sobre una camilla de ruedas adaptada, que incluye una estructura de hierro rodeando sus piernas para evitar que las sábanas y las mantas le provoquen llagas. A pesar de la incomodidad a la que le obliga su enfermedad, Bonilla pronuncia palabras llenas de autenticidad que llaman la atención y sorprenden: "Esta dolencia me ha enseñado a valorar y disfrutar mucho más todo lo que tengo, así como a poder vivir no centrada en mí misma, como cuando estaba sana, sino pensando en los demás, ayudándoles en todo lo que puedo, lo que en realidad me ha dado una paz y una felicidad como nunca antes había sentido. Todo ello no sería posible si Dios y la Virgen no me ayudaran a superar los malos momentos. Por eso, en cierto modo esta enfermedad, pese a ser dura, es lo mejor que me ha pasado en la vida, así que doy gracias a Dios por permitir que la tenga. Comencé a aceptarla a raíz de una peregrinación a Lourdes en el año 1992. Era la primera vez que iba y, al ver a unos enfermos y discapacitados que llevaban su sufrimiento con sosiego y alegría, me pregunté dos cosas: ¿por qué no podía tener yo también una enfermedad como ellos? y ¿por qué no iba a poder afrontarla así de bien si se lo pedía a Dios y a la Virgen con fe?. Desde entonces voy a Lourdes todos los años. En las últimas ediciones ya no he pedido a Dios por mi curación, sino más bien por los sufrimientos de los demás, porque yo ahora estoy en paz, pero sé que hay mucha gente que lo está pasando mal. Ofrezco también mi enfermedad al Señor especialmente por el Papa y mi congregación religiosa, por mi familia y, desde hace algún tiempo, también por las personas que se han quedado en paro con esta crisis. En algunos momentos del día, visito la capilla a solas. Me gusta estar allí con poca luz, en intimidad con el Señor. Necesito la oración para vivir; sin ella no sería nada. Una de mis principales inspiraciones para afrontar esta situación es la Pasión de Nuestro Señor, porque Él, siendo Dios, quiso sufrir voluntariamente hasta la muerte por el amor que nos tiene a todos”.

1 comentario:

Maria dijo...

Precioso y para reflexionar
Gracias