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lunes, 6 de julio de 2009

INFINITA BELLEZA DE EXISTIR

La historia de Mario Melazzini es ciertamente increíble y muy humana a la vez. A los 39 años dirigía un gran hospital oncológico, estaba en la cima de su profesión, era un hombre aparentemente feliz, muy deportista, casado y con tres hijos. A los 45 años le diagnostican una enfermedad neurodegenerativa incurable (esclerosis lateral amiotrófica) que, como saben, firma la sentencia de muerte en pocos años. Después de conocer la difícil noticia vive momentos muy duros junto a su familia. Inicialmente opta por la mal llamada muerte digna: "Sí. En nuestra cultura, vivir con determinadas discapacidades es incompatible con una vida digna. Así que ya ve, yo, católico, me dirigí a una asociación en Suiza, donde el suicidio asistido no esta penalizado". Antes de viajar a Suiza para suicidarse decide retirarse a su pueblo natal y allí se produce la conversión: "Pasé ocho meses solo en la montaña con una asistente. La caída física fue impresionante: perdí la movilidad, la capacidad de comer, de beber, de respirar solo. Pero cuando tenemos el coraje de permanecer solos, de enfrentarnos con nosotros mismos, la recompensa es ser nosotros mismos, ser sinceros, y esto me ha ayudado muchísimo, porque ahora me siento verdadero. Ser verdadero simplifica inmensamente la vida, la hace fácil. Lo que pasa es que nos contamos historias a nosotros mismos, nos escondemos detrás de ideas y conceptos, y eso falsea la relación con la gente que amamos. Estoy aprendiendo a escuchar, a ser una persona humilde, que no es fácil pero es fundamental, y sobre todo a no dar nada por descontado. Comprendí que como médico todavía podía dar muchas cosas a mis pacientes y como hombre, a mí mismo y a mis hijos". Y así es como este milagro se realiza de la forma más natural y normal: "Entendemos el milagro como un cambio rotundo, no se trata de que uno se levante de la silla de ruedas y comience a caminar. El milagro es la serenidad que te llega, un equilibrio fortísimo conmigo mismo. Cada uno debe ser el artífice del propio milagro y en ello la mente tiene un papel fundamental". Su profunda experiencia le lleva a pronunciar una interesante reflexión sobre la enfermedad y la muerte: "A la muerte no la temo, forma parte de nuestro recorrido. Yo creo que todo el que pide ayuda para morir, en realidad, está pidiendo ayuda para vivir, porque vivir con una discapacidad grave cuesta y si no eres ayudado es casi natural decirse: ¡pero qué clase de vida es esta! En nuestra cultura debemos aceptar que la enfermedad, la discapacidad, la fragilidad forman parte de nuestro ADN y por tanto no son hechos que se deban gestionar paralelamente a la vida, son parte de la vida. Ese es el gran esfuerzo que permite valorar todo lo que yo le estoy diciendo sin necesidad de vivirlo". A sus cincuenta años el doctor Mario Melazzini dirige el hospital Oncológico de la Fundación Maugeri de Pavía y el Centro Nemo, para enfermos de ELA. Imparte conferencias por todo el mundo para hablar de la calidad de vida en el enfermo, la vida digna, la esperanza y proclama una verdad que no es muy habitual escuchar en nuestro tiempo: "La enfermedad me ha permitido, como hombre y como médico, vivir con alegría y con humildad la infinita belleza de existir". La entrevista la encuentro en La Vanguardia , se puede leer entera también aquí y se puede completar con este impresionante reportaje en italiano de la RAI en Youtube.

martes, 30 de junio de 2009

ÉXITO MATRIMONIAL

Leo una buena entrevista en La Contra de La Vanguardia a Juan Sabater Tobella, doctor en farmacia, fundador del Grupo Sabater Análisis y todo un experto en antienvejecimiento. A sus 74 años, a pesar de estar jubilado, trabaja todavía ocho horas al día. Felizmente casado desde hace muchos años con la doctora Margarita Sales, tiene cuatro hijas y seis nietos. Hay motivos de sobra para hacerle una interesante interviú: puso en marcha en Cataluña el plan de diagnóstico precoz de la fenilcetonuria y de hipotiroidismo, pruebas que se hacen actualmente a los recién nacidos en todas las clínicas; instauró en España las pruebas de micrométodos para hacer análisis de sangre; y le acaban de conceder la Cruz de San Jordi por 50 años de profunda investigación médica. Pero tal y como confiesa la periodista Inma Sanchis si lo eligió fue principalmente porque a su edad sigue estudiando e innovando, con pasión, en la medicina personalizada y porque le envió un fax en el que decía: “Lo importante no es el estado civil de casado, sino el que lo estoy con Margarita". Sabias palabras. Hay dos momentos en la conversación en los que desvela, a mi juicio, dos claves importantes para conseguir el éxito matrimonial. El primero es la sana admiración por el marido o la esposa que ha de tener siempre el otro cónyuge haciendo un esfuerzo por fijarse más en sus virtudes que en sus defectos: "Margarita ha sido mi amiga, mi compañera de curso, mi amante y mi álter ego. Lo que yo he hecho ha sido porque la tenía a ella al lado. Si alguna vez le cuentan que me lancé al puerto a salvarle la vida a uno que se ahogaba es porque ella me empujó. Mi mujer lo es todo para mí". La segunda es no dejar nunca un problema, una discusión o un enfado, por muy pequeño que sea, sin resolver: "Hay una regla que yo siempre le he dicho a mis hijas antes de la boda: no apagar la luz de la mesita de noche sin haber solucionado un problema por pequeño que sea, porque no son las cosas gordas las que rompen un matrimonio sino el gota a gota". Es un viejo consejo que también he recibido de varios protagonistas de exitosos matrimonios y que, hay jornadas, que verdaderamente puede costar aplicar. Sin embargo estoy convencido de que esforzándose, día a día, en cumplir estos dos requisitos se conseguirá un éxito matrimonial tan feliz y atractivo como el de Juan Sabater.

viernes, 5 de junio de 2009

UN GRUPITO DE CÉLULAS SIN CARA NI OJOS

Leo en La Contra de La Vanguardia una entrevista con Esther González, madre de una hija con leucemia, a la que ha "curado" engendrando a otra hermana genéticamente compatible para utilizar las células de su cordón umbilical. Ha sido una de las primeras mujeres en España que ha echado mano de la perniciosa técnica del "bebé medicamento". Después de esta experiencia ha decidido escribir un libro que se llama "Cuando la vida cura" y que ha publicado la Editorial Plataforma. Es evidente que desde que detecta la enfermedad de su primera hija hasta que consigue que nazca la segunda para sanarla, ha pasado por un largo y doloroso calvario lleno de permisos, papeleos, autorizaciones, prejuicios y demás obstáculos. De sus declaraciones se desprende que uno de sus principales enemigos en este periplo, curiosamente, ha sido Dios y la Iglesia Católica. Lo repite varias veces: "Yo le he pasado la mano por la cara a Dios, ¡yo le he ganado esta mano a Dios! Porque los médicos y políticos católicos de este país querían ver morir a mi hija Erine. Los médicos no me lo explicaron quizás porque eran católicos. ¡Pero puedes ser católico y persona! Algunos curas me llaman "egoísta" por "usar a Izel sin pedirle permiso". Pero yo le diré a ella: "Si un día tienes una hija así de enferma, ¿qué harás?". Y sé que entenderá". Yo no creo en la culpabilidad de Dios ni de su iglesia en toda esta historia. En otro momento de la entrevista explica cómo fue el proceso que siguió: "Me hormonaron para ovular, me extrajeron 39 óvulos, los fecundaron con el esperma de mi pareja, nueve de ellos resultaron ser 100% compatibles con Erine y me implantaron dos. Uno se me murió..., y tras nueve meses de embarazo ¡nació Izel! Los no desarrollados los doné a la ciencia, y otros cuatro fecundados han quedado allí congelados, y podría implantármelos". O lo que es lo mismo 39 embriones utilizados en la operación de los que sólo se implantaron dos (37 sobrantes). Para Esther esos embriones son "un grupito de células sin cara ni ojos en una probeta". Ahí radica la diferencia de planteamiento entre ella y la concepción del hombre que propugna la Iglesia Católica. Para los católicos los embriones ya son vidas humanas que no se pueden manipular, trocear, seleccionar, desechar o repartir. Son seres humanos con la misma dignidad que cualquiera de nosotros y no deben ser utilizados con ningún fin por muy bueno que éste sea. Tampoco el de curar a otras vidas aunque éstas sean defectuosas o estén a punto de morír. Tan crudo y real como la vida misma. No todo está permitido para salvar una vida. No hay que olvidar que todos fuimos células en un primer comienzo y de haber pasado por esta experiencia podríamos estar ahora congelados, desechados o muertos. Como padre haré cualquier cosa que esté en mis manos por salvar la vida de mi hijo. Lo he dicho en varias ocasiones en este blog. Cualquier cosa menos utilizar o destruír otras vidas para curarlo. O ¿sería capaz Esther de descuartizar ahora a su hija mayor para salvar a la pequeña? Estoy convencido de que no. La diferencia está en la concepción que uno tenga de lo que es "ese grupito de células sin cara ni ojos". Como no pueden hablar, desgraciadamante, sólo la Iglesia Católica se atreve a defenderlas. Son la primera expresión de la vida humana. Aunque no se vean, insisto, tienen igual dignidad que un anciano de ochenta años. Aunque esto tampoco le entre en la cabeza a nuestra ministra de igualdad.

jueves, 15 de enero de 2009

INVERTIR EN EDUCACIÓN

Leo en La Contra la interesante entrevista que le hace hoy Víctor Lamela al gran gurú doméstico de la crisis económica Leopoldo Abadía. Como siempre el viejo profesor del IESE y del Harvard Business School, padre de 12 hijos y abuelo de 38 nietos, que reitera no saber nada de economía, nos explica mejor que nadie los motivos de esta crisis financiera, sus consecuencias y, sobre todo, lo que debemos hacer para sobrellevarla: "Sé optimista, sin distraerte, y sé prudente. Optimismo: prohíbete lamentarte de la crisis y actúa: si no te dan trabajo, invéntalo. Distraerte es no focalizar energías en lo básico. Prudencia: analiza tus impulsos. Despidiendo a muchos empleados puedes errar..." Resume perfectamente en una frase porqué hemos llegado a esta situación tan lamentable: "1.400 sinvergüenzas y 1.400.000 estúpidos". Cargado de sentido común nos obsequia con buenos consejos para no caer en las trampas que nos tienden en esta época las entidades financieras: "Fácil: no compres nada que no entiendas. Si no lo ves claro, si no lo entiendes, ¡aléjate!. Gaste lo que necesite..., ¡pero modere sus necesidades!". Pero lo que más me ha gustado de la entrevista en La Vanguardia es el momento en el que explica en qué ha invertido todos los ahorros y ganancias de su vida: "Yo me lo he gastado todo en educar a mis hijos (ya han heredado, pues)". Con esa segunda parte entre paréntesis que explica muy bien lo que es auténticamente la herencia que unos buenos padres pueden dar a sus hijos todavía en vida. Invertir en educación, en transmitir lo mejor a nuestros vástagos, en saber destinar sin complejos buena parte de nuestros recursos económicos, privaciones y nuestro tiempo para que ellos tengan los mejores centros educativos, las más valiosas explicaciones, referencias, profesores, competencias, amigos, virtudes, ideas y recursos que les permitan ser auténticamente libres y, por tanto, felices, al margen del dinero. Y no está de más recordarlo en estos tiempos en los que los progenitores solemos poner, en muchos casos, nuestros intereses, necesidades personales y económicas por delante de las de nuestros hijos. Palabra de gurú.