La mini ministra de Igualdad, Bibiana Aído ha pasado esta mañana por los micrófonos de la Cadena SER para intentar defender lo indefendible: su monstruosa ley de plazos del aborto. Al ser preguntada sobre si para ella un feto es un ser vivo ha contestado: "Claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica". Puede que la mini ministra no tenga capacidad de entender los argumentos científicos que certifican sin ningún género de dudas la existencia de un ser humano desde el mismo momento de la concepción. Ni les cuento en la semana 13 o en la 14, momento en el que se va a poder abortar con total impunidad en nuestro país si se aprueba su "aberrante" proyecto de ley. Como sabemos que Bibi por su juventud es hija de la cultura audiovisual, y estas cosas le cuestan un poco más que al resto de los mortales, aquí le dejamos este vídeo para que compruebe si lo que ve en él es un ser vivo o un ser humano. Sin acritud. Por si a alguien le queda alguna duda se trata de una ecografía por ultrasonidos a un bebé de 13 semanas. El mismo que se va a poder eliminar en cualquier centro público de nuestro país sin el consentimiento de los padres. Desde luego, una imagen vale más que mil Bibianas.
Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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martes, 19 de mayo de 2009
LAS 13 SEMANAS DE BIBI
martes, 28 de abril de 2009
GUSTAVO BUENO Y EL ABORTO
Interesante entrevista en La Nueva España al polémico y excéntrico filósofo asturiano Gustavo Bueno sobre la nueva ley de plazos del aborto que pretende poner en marcha, en breve, en España el gobierno socialista. Bueno afirma que desde sus postulados materialistas llega a la misma conclusión que la Conferencia Episcopal desde la verdad revelada: no al aborto: "No es una cuestión religiosa. Ni de izquierdas y derechas. Cuando ZP ganó las elecciones por segunda vez hace poco más de un año reunió a sus huestes y les dijo que había que dar un giro a la izquierda, así que iba a replantear la cuestión del aborto. ZP identifica el aborto como una seña de identidad de la izquierda. Oponerse sería el signo del clero reaccionario. Menudo argumento, menuda calaña. No saben nada. Da tanta pereza argumentar contra esos disparates que sólo provocan desprecio. Pero hablar de propiedad del cuerpo es individualista, lo contrario del socialismo". Asegura el profesor emérito de la Universidad de Oviedo que en este asunto hay posturas muy definidas pero que son defendidas con ideas muy cortas: "Las mujeres no tienen derecho a abortar, tienen la obligación de no abortar. El genio de Caamaño, el ministro de Justicia, dice que si pueden casarse a los 16 años también pueden decidir abortar. Confunden el tocino con la velocidad. Pondría multas durísimas a las que abortan por negligentes, por el despilfarro económico. La ministra Aído habla como una esclava, dice que tiene derecho a su cuerpo. Eso sólo lo decían los esclavos que no tenían otra cosa. ¿Qué derecho?, ¿natural o positivo? Si es natural no vale para un socialdemócrata, racionalista y progresista. Sería sólo una fantasía metafísica. El derecho siempre es positivo. Tendrá derecho a abortar cuando una ley lo permita. Decir que tiene sin más derecho es pedir el principio. Si lo tiene es porque se lo damos. Afirman que es una cuestión democrática, que el pueblo lo quiere. Entonces, si en el futuro el pueblo no lo quiere, se quita ese derecho y en paz". Ya se ve que la defensa de la vida no es una cuestión exclusivamente religiosa como nos quieren hacer creer determinados mensajes políticos. En medio del debate excesivamente ideologizado y visceral que impregna la opinión pública española se agradecen las reflexiones cargadas de sentido común del viejo profesor.
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domingo, 5 de abril de 2009
ABORTO, JUARISTI Y PASOLINI
Me ha gustado la columna de este domingo de Jon Juaristi en el diario ABC titulada "Aborto". En medio del acalorado debate sobre la innecesaria y criminal ley de plazos que quiere impulsar la "miembra más estupida" del gabinete socialista, se agradece la reflexión serena del intelectual que, por lo menos, ha pensado y reflexionado dos veces sobre lo que dice. Apelar a la sacralidad de la vida humana desde la ética, la mitología, la historia de las civilizaciones y la libertad es llevar el debate encendido y apasionado a un territorio donde no todo el mundo "puede" opinar con la misma autoridad y conocimiento. Y encima descubrimos facetas desconocidas del extravagante hombre de izquierdas como Pier Paolo Pasolini: "Pasolini, que era comunista, se opuso en su día a la legalización del aborto, no por motivos religiosos, sino por su intuición, muy acertada, de que dicha medida relativizaría el carácter sagrado de la vida humana, sometiendo la definición de lo humano a convenciones culturales, cuando, precisamente, el gran logro de la civilización europea —según Pasolini, una civilización paradójicamente campesina— había consistido en liberar a lo humano de las constricciones de la cultura, situándolo en el origen de ésta, y no a la inversa, como lo han hecho todas las tradiciones míticas de los pueblos sacrificadores (según las cuales, son los dioses quienes crearon la cultura). No hablaba Pasolini de derechos del embrión o del feto, sino de sacralidad de los mismos, que no son personas (ni siquiera la Iglesia se plantea bautizar embriones), pero sí vida humana que pugna por existir, adquirir forma e individualizarse desde el fondo indiferenciado de la especie".
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domingo, 22 de marzo de 2009
LA DISCAPACIDAD DICE NO AL ABORTO
Es lógico y muy comprensible. La permisiva ley que quiere sacar adelante el gobierno español sobre el aborto está fundamentada en conceptos tan poco científicos y supersticiosos que hace aguas por todos los lados. La justificación del aborto a cualquier precio plasma las contradicciones de esta sociedad que rema a favor de la cultura de la muerte. Leo hoy en El Mundo una entrevista con Ana Peláez, vicepresidenta del Comité de la ONU de Derechos de las Personas con Discapacidad: "En estos días al tejido asociativo de la discapacidad le preocupa enormemente el proyecto de reforma de la regulación del aborto porque constituye una clara discriminación hacia las personas con discapacidad, que no puede darse en una sociedad como la nuestra. Me refiero a los supuestos que van a posibilitar practicar un aborto indefinidamente si el feto presenta malformaciones o enfermedades graves incompatibles con la vida. La práctica del llamado aborto eugenésico sin límites es discriminatoria por conceder menor valía a la vida de una persona que probablemente llegue a tener una discapacidad. Cada uno tiene derecho individual a decidir lo que quiera pero, si vamos a ley de plazos, hay que meter en esos plazos a todo el mundo. Que piensen bien el Gobierno cuántas semanas quieren y que lo hagan, pero que no saquen la discapacidad y digan: Si tiene discapacidad, en cualquier momento, por la puerta rápida". La queja está cargada de sentido común: los discapacitados que han conseguido nacer se rebelan contra una ley que permite evitar que nazcan más personas con discapacidad. Por un lado se están invirtiendo muchos recursos públicos para mejorar la calidad de vida de los discapacitados, porque se asegura que son como nosotros y tienen los mismos derechos, y por el otro se promueven leyes abortistas que los eliminarán en el inicio de la vida ante la más mínima sospecha de discapacidad. Un genocidio con todas las letras. En este caso se ve muy claro que una sociedad que no protege al más débil es indigna. ¿Alguien puede sostener que una mujer como Ana Peláez que lleva 20 años dedicada a la lucha por la igualdad, que compagina su actividad en la ONCE -como directora de Relaciones Internacionales y como vicepresidenta ejecutiva para América Latina- y en el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi) -como presidenta de la Comisión de Mujer y comisionada de Género ante la UE- con su labor en ONU, no tenga derecho a nacer? Pues todos conocemos casos e historias de superación como el de ella a nuestro alrededor que con la actual legislación abortista nunca hubieran llegado a nacer.viernes, 20 de marzo de 2009
ACIENTIFISMO PROGRE SUPERSTICIOSO
Un millar de intelectuales y reconocidos profesionales de los más diversos campos de la sociedad civil -biólogos, juristas, psiquiatras, pediatras, ginecólogos, filósofos, doctores, catedráticos y profesores universitarios- han suscrito ya el llamado Manifiesto de Madrid (consúltelo íntegro aquí) en contra de la reforma legislativa de la ley del aborto que quiere impulsar el Gobierno socialista español. En el documento los arriba firmantes dejan claro que la vida humana empieza en el momento de la concepción y lo difícil que es, desde el punto de vista científico, situarlo arbitrariamente antes o después de ese instante. Pero no se engañen. Aunque lo digan de forma contundente reputados profesionales de la genética, la biología celular o la embriología algunos prefieren la superstición o el pensamiento irracional a los verdaderos argumentos que aporte la ciencia. Y encima el monocorde pensamiento dominante se empecina en enturbiar la discusión introduciendo el elemento religioso como argumento de descrédito o distorsionador de la revelación científica. Así lo recoge con acierto el sociólogo Guillermo Dupuy en una de sus recientes columnas en Libertad Digital: "Estos progres, intelectualmente cada vez más patéticos, también apelan a la distinción entre delito y pecado para camuflar sus supersticiones y poder arremeter así, con aires de modernidad, contra la defensa de la vida que hace la Iglesia. Deberían saber, en primer lugar, que esa encomiable distinción se la debemos en buena parte al cristianismo; pero una cosa es que algo no tenga que ser delito por el mero hecho de ser pecado, y otra, muy distinta, que porque sea pecado no pueda ser también delito. ¿O es que vamos a despenalizar el robo por el hecho de que una confesión religiosa considere como mandamiento el "no robarás"?. Poco antes de convertirse en Bendicto XVI, Ratzinger apelaba a una visión individual, única e irrepetible del ser humano señalando que "cada persona es una idea de Dios". Esta aseveración no parte de la racionalidad científica y podría ser considerada por muchos como una superstición. Pero desde luego está mucho más cerca de las "luces" de la ciencia moderna entorno a la identidad genética singular que se produce en la fecundación, que los inconsistentes y obscurantistas malabarismos y eufemismos a los que recurren los que se creen –o nos quieren hacer creer– que la "interrupción voluntaria del embarazo" es algo distinto a la salvaje interrupción de una vida humana". Dicho queda.
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viernes, 13 de marzo de 2009
VALE INFINITO
El pasado miércoles realizábamos en este blog una importante pregunta retórica sobre cuál es el momento en el que consideramos que empieza realmente la vida del ser humano. Sobre todo porque somos conscientes de que en la respuesta que demos a esta cuestión radica buena parte de la justificación o desautorización de todos los argumentos abortistas que se están esgrimiendo en las últimas semanas en España. La pregunta la realizaba el periodista S. Mc Coy en su columna de Cotizalia y así la transmitíamos en este espacio. Horas después leía la misma cuestión, planteada de otra forma, con la rotundidad e inteligencia de otro periodista de raza, nada sospechoso de creencia espiritual alguna, como es el director del Diario de Alcalá, Antonio R. Naranjo: "El aborto no es, o no debe ser, un debate político. Y ni siquiera moral. Es, ante todo, una cuestión científica: si hay vida, ninguna ideología ni credo ni derecho maternal puede justificar la demolición del feto. Y si no la hay, ninguna ideología ni credo ni derecho celular puede presentarlo como un asesinato legalizado. Así de simple es, y así de complejo a la vez". La respuesta a estas incógnitas me la hace llegar en forma de video una lectora que hace mucho tiempo ha perdido el miedo a equivocarse. Testimonio audiovisual cargado de sentido común y mucha ciencia. Vale infinito.
miércoles, 11 de marzo de 2009
¿DONDE CORTAR?
Una vez más S. McCoy aprovecha su columna diaria "Valor añadido" en Cotizalia para hablar de otras cuestiones de actualidad con grandes dosis de sentido común. En "España se abona a la antología del disparate" se refiere a la aberración que supone la inminente aprobación por parte del gobierno de una ley de plazos. Primero nos deleita con unas interesantes consideraciones de tipo económico sobre la barbaridad de fomentar una normativa abortera como la que propone ahora el PSOE. Después expresa de forma gráfica su sorpresa por la alta consideración que merece a nuestra sociedad dos argumentos tramposos de la progresía sobre el momento en el que comienza la vida humana que ya se ha encargado de rebatir hace muchos años la ciencia y el sentido común: "Primera, no conozco a nadie que no haya pasado por la fase embrionaria que legitima un aborto. A nadie. El que esté libre de ese pecado, que me tire la primera piedra. La aceptaré con gusto. Segunda, no se sabe ni cuándo ni cómo el ser humano toma conciencia de sí mismo, lo que refrenda el absurdo de la personalidad civil derivada de vivir 24 horas separado del vientre materno. Tengo cuatro hijos y les puedo garantizar que el proceso de formación física y mental de mi prole es igual de acelerada dentro del vientre de su madre en las primeras semanas de gestación que ya fuera de ella como ser independiente. Sólo que llora de modo audible, reclama su comida y hay que cambiarle. Un cambio que se inicia en el momento cero y que proseguirá toda su vida. Hasta la muerte. ¿Dónde cortar?". Como dice un amigo experto en cuestiones de Bioética hay que tener siempre en cuenta el principio de prevención que nos dice que nunca pegaríamos una fuerte patada a una caja si nos cuentan que puede haber algo dentro. A lo que yo suelo añadir: mucho más si la ciencia y el sentido común nos han dado ya la certeza de que está llena de vida única e irrepetible.martes, 10 de marzo de 2009
14 SEMANAS
Ésta es la foto de un feto de 14 semanas. Si todavía necesitan más argumentos gráficos y visuales sobre cómo es un ser humano, una persona, a los casi 100 días de existencia pueden pinchar aquí y alucinar. Con la inminente ley de plazos que va a aprobar el gobierno español en las próximas semanas esto que ustedes están viendo se va a poder descuartizar, trocear y eliminar con total impunidad y sin necesidad de ningún "argumento" o "excusa" que lo justifique. Sólo porque a su papá y a su mamá, en el mejor de los casos, les da la gana o les viene mal. Lo podrán hacer hasta las muchachas de 16 años sin el necesario consentimiento para otras muchas cosas de sus padres. Su hija o la mía sin que nadie se entere. Así lo va a aprobar, si nadie lo remedia, un parlamento llamado democrático que dice trabajar en defensa de la mujer y sus derechos gracias a la propuesta de un partido de izquierdas que históricamente ha afirmado defender a los más débiles y desfavorecidos de la sociedad. (¿Hay alguien más frágil e indefenso que un niño en el vientre de su madre?) Así de gráfico, así de duro y así de triste. 14 semanas. Para algunos aquí es donde, dentro de poco, empezará a tomarse en serio la vida. Antes no. Todo ello a pesar de que esta gran mentira se pueda desmentir con una fotografía tan fácil de ver y conseguir como ésta. 14 semanas. Antes no hay vida. Después, no quedará humanidad. martes, 2 de diciembre de 2008
EL GRAN DUQUE DE LUXEMBURGO
Hablábamos hace unos días del importante paso al frente del presidente uruguayo Tabaré Sánchez, médico y hombre de izquierdas, que ha vetado sin complejos ni titubeos la ley del aborto aprobada por el parlamento de su país. Decíamos que nos recordaba a aquel gesto épico y valiente del rey Balduino de Bélgica que abdicó por unos días en los años noventa para no firmar la aprobación de una iniciativa legislativa sanitaria con similar tufillo proabortista. Parece que está cundiendo el ejemplo entre los personajes públicos del momento y podríamos estar asistiendo al despertar en la esfera pública mundial de hombres y mujeres coherentes y consuentes con su forma de entender la existencia trascendente, sin complejos ni respetos humanos, que apuestan abiertamente por la cultura de la vida frente a la tristeza de la muerte. Ahora es el Gran Duque de Luxemburgo, Enrique I, quien se ha negado a ratificar la legalización de la eutanasia en su país argumentando valores morales y de conciencia. De esta forma la norma no puede entrar en vigor. Es la primera vez que pasa en la historia del Ducado y por ello el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker (democristiano), ha anunciado que el país va a modificar su Constitución y reducir las prerrogativas del gran duque. Pero la noticia importante no es ésta. El monarca, felizmente casado y con cinco hijos, jefe del estado de un país de mayoría católica, conoce bien las nefastas consecuencias de la despenalización de la eutanasia por lo que ha visto y oído en países vecinos como Bélgica y Holanda. Seguro que al dar este paso el duque se ha acordado de las vibrantes palabras que les dirigió, a él y a su esposa, en el 2003 en audiencia el papa Juan Pablo II el Grande cuando les hablaba de cómo debería ser la Europa en la que iban a reinar: "Debe promover un modelo de sociedad que rinda honor a la dignidad fundamental de todo ser humano y de sus derechos, y que privilegie entre las personas y los pueblos las relaciones basadas en la justicia, el respeto mutuo y la paz". Esperemos que aprenda de ello su primo el monarca español Juan Carlos que en estas cuestiones anda un poco despistado. Tiene una buena oportunidad con la ley de plazos del aborto que se está gestando en el congreso después de conocer hoy que los abortos en nuestro país se han duplicado en una década. Este pasado 2007 más de cien mil. A este paso el gran negocio de futuro para salir de la crisis económica en España va a ser montar una clínica abortista. Mientras tanto, en Luxemburgo, Enrique hace justicia a su título nobiliario. Es, y desde hoy también para la historia de las grandes hazañas, el Gran Duque.
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