Un millar de intelectuales y reconocidos profesionales de los más diversos campos de la sociedad civil -biólogos, juristas, psiquiatras, pediatras, ginecólogos, filósofos, doctores, catedráticos y profesores universitarios- han suscrito ya el llamado Manifiesto de Madrid (consúltelo íntegro aquí) en contra de la reforma legislativa de la ley del aborto que quiere impulsar el Gobierno socialista español. En el documento los arriba firmantes dejan claro que la vida humana empieza en el momento de la concepción y lo difícil que es, desde el punto de vista científico, situarlo arbitrariamente antes o después de ese instante. Pero no se engañen. Aunque lo digan de forma contundente reputados profesionales de la genética, la biología celular o la embriología algunos prefieren la superstición o el pensamiento irracional a los verdaderos argumentos que aporte la ciencia. Y encima el monocorde pensamiento dominante se empecina en enturbiar la discusión introduciendo el elemento religioso como argumento de descrédito o distorsionador de la revelación científica. Así lo recoge con acierto el sociólogo Guillermo Dupuy en una de sus recientes columnas en Libertad Digital: "Estos progres, intelectualmente cada vez más patéticos, también apelan a la distinción entre delito y pecado para camuflar sus supersticiones y poder arremeter así, con aires de modernidad, contra la defensa de la vida que hace la Iglesia. Deberían saber, en primer lugar, que esa encomiable distinción se la debemos en buena parte al cristianismo; pero una cosa es que algo no tenga que ser delito por el mero hecho de ser pecado, y otra, muy distinta, que porque sea pecado no pueda ser también delito. ¿O es que vamos a despenalizar el robo por el hecho de que una confesión religiosa considere como mandamiento el "no robarás"?. Poco antes de convertirse en Bendicto XVI, Ratzinger apelaba a una visión individual, única e irrepetible del ser humano señalando que "cada persona es una idea de Dios". Esta aseveración no parte de la racionalidad científica y podría ser considerada por muchos como una superstición. Pero desde luego está mucho más cerca de las "luces" de la ciencia moderna entorno a la identidad genética singular que se produce en la fecundación, que los inconsistentes y obscurantistas malabarismos y eufemismos a los que recurren los que se creen –o nos quieren hacer creer– que la "interrupción voluntaria del embarazo" es algo distinto a la salvaje interrupción de una vida humana". Dicho queda.Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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viernes, 20 de marzo de 2009
ACIENTIFISMO PROGRE SUPERSTICIOSO
Un millar de intelectuales y reconocidos profesionales de los más diversos campos de la sociedad civil -biólogos, juristas, psiquiatras, pediatras, ginecólogos, filósofos, doctores, catedráticos y profesores universitarios- han suscrito ya el llamado Manifiesto de Madrid (consúltelo íntegro aquí) en contra de la reforma legislativa de la ley del aborto que quiere impulsar el Gobierno socialista español. En el documento los arriba firmantes dejan claro que la vida humana empieza en el momento de la concepción y lo difícil que es, desde el punto de vista científico, situarlo arbitrariamente antes o después de ese instante. Pero no se engañen. Aunque lo digan de forma contundente reputados profesionales de la genética, la biología celular o la embriología algunos prefieren la superstición o el pensamiento irracional a los verdaderos argumentos que aporte la ciencia. Y encima el monocorde pensamiento dominante se empecina en enturbiar la discusión introduciendo el elemento religioso como argumento de descrédito o distorsionador de la revelación científica. Así lo recoge con acierto el sociólogo Guillermo Dupuy en una de sus recientes columnas en Libertad Digital: "Estos progres, intelectualmente cada vez más patéticos, también apelan a la distinción entre delito y pecado para camuflar sus supersticiones y poder arremeter así, con aires de modernidad, contra la defensa de la vida que hace la Iglesia. Deberían saber, en primer lugar, que esa encomiable distinción se la debemos en buena parte al cristianismo; pero una cosa es que algo no tenga que ser delito por el mero hecho de ser pecado, y otra, muy distinta, que porque sea pecado no pueda ser también delito. ¿O es que vamos a despenalizar el robo por el hecho de que una confesión religiosa considere como mandamiento el "no robarás"?. Poco antes de convertirse en Bendicto XVI, Ratzinger apelaba a una visión individual, única e irrepetible del ser humano señalando que "cada persona es una idea de Dios". Esta aseveración no parte de la racionalidad científica y podría ser considerada por muchos como una superstición. Pero desde luego está mucho más cerca de las "luces" de la ciencia moderna entorno a la identidad genética singular que se produce en la fecundación, que los inconsistentes y obscurantistas malabarismos y eufemismos a los que recurren los que se creen –o nos quieren hacer creer– que la "interrupción voluntaria del embarazo" es algo distinto a la salvaje interrupción de una vida humana". Dicho queda.
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