Una vez más S. McCoy aprovecha su columna diaria "Valor añadido" en Cotizalia para hablar de otras cuestiones de actualidad con grandes dosis de sentido común. En "España se abona a la antología del disparate" se refiere a la aberración que supone la inminente aprobación por parte del gobierno de una ley de plazos. Primero nos deleita con unas interesantes consideraciones de tipo económico sobre la barbaridad de fomentar una normativa abortera como la que propone ahora el PSOE. Después expresa de forma gráfica su sorpresa por la alta consideración que merece a nuestra sociedad dos argumentos tramposos de la progresía sobre el momento en el que comienza la vida humana que ya se ha encargado de rebatir hace muchos años la ciencia y el sentido común: "Primera, no conozco a nadie que no haya pasado por la fase embrionaria que legitima un aborto. A nadie. El que esté libre de ese pecado, que me tire la primera piedra. La aceptaré con gusto. Segunda, no se sabe ni cuándo ni cómo el ser humano toma conciencia de sí mismo, lo que refrenda el absurdo de la personalidad civil derivada de vivir 24 horas separado del vientre materno. Tengo cuatro hijos y les puedo garantizar que el proceso de formación física y mental de mi prole es igual de acelerada dentro del vientre de su madre en las primeras semanas de gestación que ya fuera de ella como ser independiente. Sólo que llora de modo audible, reclama su comida y hay que cambiarle. Un cambio que se inicia en el momento cero y que proseguirá toda su vida. Hasta la muerte. ¿Dónde cortar?". Como dice un amigo experto en cuestiones de Bioética hay que tener siempre en cuenta el principio de prevención que nos dice que nunca pegaríamos una fuerte patada a una caja si nos cuentan que puede haber algo dentro. A lo que yo suelo añadir: mucho más si la ciencia y el sentido común nos han dado ya la certeza de que está llena de vida única e irrepetible.Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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miércoles, 11 de marzo de 2009
¿DONDE CORTAR?
Una vez más S. McCoy aprovecha su columna diaria "Valor añadido" en Cotizalia para hablar de otras cuestiones de actualidad con grandes dosis de sentido común. En "España se abona a la antología del disparate" se refiere a la aberración que supone la inminente aprobación por parte del gobierno de una ley de plazos. Primero nos deleita con unas interesantes consideraciones de tipo económico sobre la barbaridad de fomentar una normativa abortera como la que propone ahora el PSOE. Después expresa de forma gráfica su sorpresa por la alta consideración que merece a nuestra sociedad dos argumentos tramposos de la progresía sobre el momento en el que comienza la vida humana que ya se ha encargado de rebatir hace muchos años la ciencia y el sentido común: "Primera, no conozco a nadie que no haya pasado por la fase embrionaria que legitima un aborto. A nadie. El que esté libre de ese pecado, que me tire la primera piedra. La aceptaré con gusto. Segunda, no se sabe ni cuándo ni cómo el ser humano toma conciencia de sí mismo, lo que refrenda el absurdo de la personalidad civil derivada de vivir 24 horas separado del vientre materno. Tengo cuatro hijos y les puedo garantizar que el proceso de formación física y mental de mi prole es igual de acelerada dentro del vientre de su madre en las primeras semanas de gestación que ya fuera de ella como ser independiente. Sólo que llora de modo audible, reclama su comida y hay que cambiarle. Un cambio que se inicia en el momento cero y que proseguirá toda su vida. Hasta la muerte. ¿Dónde cortar?". Como dice un amigo experto en cuestiones de Bioética hay que tener siempre en cuenta el principio de prevención que nos dice que nunca pegaríamos una fuerte patada a una caja si nos cuentan que puede haber algo dentro. A lo que yo suelo añadir: mucho más si la ciencia y el sentido común nos han dado ya la certeza de que está llena de vida única e irrepetible.martes, 13 de enero de 2009
VENTAJAS DE LA CRISIS ECONÓMICA
Por aquello de mantener el optimismo durante estos fríos invernales aquí les dejo algunas de las interesantes reflexiones de S. McCoy en Cotizalia sobre los posibles beneficios que va a tener esta crisis económica para nuestro país y sus ciudadanos. Es otra forma de verlo, desde luego: "Esta crisis va a traer mucho más bueno que malo a nuestro país. No les quepa ni la menor duda. ¿En qué me baso? Miren ustedes, creo sinceramente que se va desmontar en España la fantasía que atribuía al “tener” el liderazgo en la escala de valores colectiva. Y esa constatación de la verdadera situación, y de su impacto sobre nuestras vidas, esa muerte de lo circunstancial y el reencuentro con lo esencial, va a traer consigo muchas y muy buenas consecuencias. ¿Cuáles? En primer lugar, una fulgurante recuperación de la austeridad como modo de vida. Es reconocer el valor de las cosas, apreciar el esfuerzo necesario para obtenerlas y tener la disponibilidad de ánimo de conservarlas. Es, en definitiva, adecuar las necesidades de cada uno a los parámetros de la normalidad. Vivir según las propias posibilidades. Poner cada cosa en su sitio. En segundo término, va a resurgir la figura de la autoridad. Padres y profesores, fundamentalmente. Volverá a estar de moda, como figura emergente en los próximos meses e incluso años, un monosílabo olvidado: no. El pilar de cualquier educación. Y se redescubrirá la libertad. Por último, y estoy seguro de que esto daría para una mayor profusión de ideas, la pérdida de la gravitación de la vida sobre la propia persona y la incapacidad de actuar sobre ella como el hombre quisiera, va a traer consigo una vuelta de la trascendencia. Y es que la dependencia es, sin duda, una puerta abierta a la trascendencia. Y la apertura madura a la trascendencia, en cualquiera de sus manifestaciones espirituales, supone una gota de agua adicional en el rescate de muchos valores que se encontraban acumulando moho en el trastero de la sociedad o que, presentes en el día a día, habían perdido su acepción original, manoseadas por intereses espúreos".
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