Mostrando entradas con la etiqueta muerte digna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte digna. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de diciembre de 2010

"APOLOGÍA DEL SUICIDIO" POR JUAN JOSÉ MILLÁS

Hay un viejo axioma periodístico que recomienda no dar publicidad a los suicidios porque, desde el punto de vista psicológico, éstos siempre llaman al suicidio. O lo que es lo mismo: cualquier persona que esté pensando en suicidarse tendrá más inclinación a hacerlo si encuentra a su alrededor modelos, historias y patrones que le animen a ello. Por eso rara vez, salvo que el suicidado sea muy conocido, encontrarán ustedes este tipo de historias en los medios de comunicación.
El escritor Juan José Millás conoce esta máxima de la profesión periodística pero, parece, le da igual. Me explico. Millás, socio de la Asociación Derecho a Morír Dignamente (DMD), nos ha "regalado" en el suplemento dominical del diario El País, EPS, un reportaje, en la nunca mejor denominada sección "Vidas al límite". Se trata de la historia de Carlos Santos Velicia un hombre de 66 años al que le han diagnosticado un tumor incurable, que ha tenido dos infartos y que, cansado, ha decidido poner fin a su vida. Para ello se ha acercado a un hotel de Madrid y, ayudado por los voluntarios de DMD, ha ingerido un cóctel letal, llamado en la jerga suicida "de autoliberación", para abandonar este mundo. Un día antes concede esta entrevista al periodista valenciano porque con su testimonio quiere avivar el debate sobre la eutanasia en España.
Sin entrar en grandes consideraciones morales o médicas, al leer con detenimiento la triste historia de Santos, narrada con maestría por la certera pluma de Millás, caes en la cuenta de que, en el fondo, lo que le ocurre a este señor es que tiene una depresión del carajo: está solo, enfermo, triste y, sobre todo, deprimido. Por eso se quiere suicidar.
Recojo textualmente algunos pasajes del reportaje que pueden servir de ejemplo: "Pasé tres o cuatro años muy mal porque me sentía un inútil. Dejé de trabajar porque las agencias de viaje no querían darme trabajo (era guía turístico). Pero estaba hecho una mierda. Me he pasado diez o doce años sin estar con una tía porque tenía pánico. Los médicos me decían: "Usted ya no es el león que era antes...". ¿Qué haces? Pues me voy a EE UU, me compro una pistola y me pego un tiro, o me tiro por un puente... También he ido a edificios de Málaga que conozco, a mirar desde un octavo piso y a decirme: bueno, si me tiro desde aquí me mataré... releo la carta que ha escrito para la Policía Local de Madrid, donde pide que notifiquen su defunción a la dueña de la pensión donde vive, en Málaga, a fin de que "como no tengo familia ni herederos, disponga de mis pertenencias, ropa, etc., como quiera". Tras la firma, añade una suerte de posdata rogando que retiren de la vía pública su coche "antes de que lo rompan o lo destrocen". En España no había sido nunca feliz, mi padre me pegaba con fiereza, igual que los hijos de puta de los jesuitas, que te hacían poner los dedos así, de punta, y te daban con la regla. Todo eso, una infancia muy desgraciada. Qué hago, no fumo, no bebo y no como porque no encuentro gusto en nada".
Cualquier médico de cabecera que escuchara esto en su consulta diagnosticaría a este señor, sin dudarlo un segundo, una depresión: enfermedad potencialmente curable con medicación, psicoterapia y un buen control de los otros síntomas que padece. Lejos de ello, Millás lo convierte en una especie de héroe, frío y racional, de la lucha por la libertad, la autonomía, la libre decisión y la muerte digna. Una sociedad sana y progresista es la que fomenta la salud mental de sus ciudadanos. No la que, a la primera de cambio, ante un problema o dificultad, liquida a los mismos o les ayuda a autoliquidarse. Bajo la defensa de una muerte digna, entendida en situaciones de terminalidad y de final de la vida, se esconden también casos tan tristes como éste que son lo que siempre hemos conocido como un suicidio.
Juan José Millás sabe que de los suicidios no se debe hablar en la prensa. Por muy buena que sea la historia o por muy bien que la sepas contar. Él mismo lo reconoce al final del reportaje: "La prensa, como es habitual en estos casos, no dio cuenta del suceso. La muerte de Carlos Santos Velicia, de no ser porque él quiso que quedara testimonio de ella, sólo habría servido para engordar el cajón desastre de las estadísticas sobre el suicidio". Y sin embargo Millás la cuenta con amplio despliegue tipográfico y visual. Esperemos que este domingo no la hayan leído muchos enfermos depresivos y con tendencias suicidas de nuestro país. Porque gracias a este reportaje, no exento de prejuicios y sutil doctrina promuerte, las estadísticas engordarán, con o sin ley. Sin duda.

viernes, 16 de julio de 2010

RICHARD RUDD: "ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE"




Tal y como cuenta el diario ABC un paciente británico en coma ha conseguido librarse de una muerte segura gracias a un parpadeo realizado en el último momento, cuando los médicos ya iban a desconectarle de la máquina que lo mantenía con vida. Richard Rudd, de 43 años y con dos hijas adolescentes, quedó en coma y totalmente paralizado tras un accidente de moto. En el pasado, había manifestado que si alguna vez se encontraba en una situación parecida preferiría no seguir viviendo, por lo que su familia estaba desesperada y no sabía qué hacer. Al final, su padre decidió dar permiso a los médicos del hospital de Addenbrooke, en el condado de Cambridgeshire, para que desconectaran la máquina, según informaba en la noche de este martes, 13 de julio, un programa especial de la BBC. Sin embargo, en el último momento, el hombre intentó manifestar su deseo de seguir viviendo y los médicos se percataron de que el paciente, que hasta aquel momento no había respondido a ningún estímulo externo, podía parpadear y parecía capaz de establecer algún tipo de comunicación mediante gestos. Para asegurarse, le llegaron a preguntar en tres ocasiones si quería seguir viviendo y en las tres ocasiones Rudd asintió con tres parpadeos de sus ojos, haciendo evidente su deseo de vivir a pesar de las limitaciones. De todo ello han transcurrido ya nueves meses, y ahora el paciente puede mover la cabeza y sonreír a sus familiares. Ha sido trasladado a otra unidad del hospital, donde los especialistas le enseñarán a comunicarse con los ojos, los músculos faciales y la lengua. Vea aquí en inglés la primera, segunda y tercera parte del reportaje de la BBC.

lunes, 6 de julio de 2009

INFINITA BELLEZA DE EXISTIR

La historia de Mario Melazzini es ciertamente increíble y muy humana a la vez. A los 39 años dirigía un gran hospital oncológico, estaba en la cima de su profesión, era un hombre aparentemente feliz, muy deportista, casado y con tres hijos. A los 45 años le diagnostican una enfermedad neurodegenerativa incurable (esclerosis lateral amiotrófica) que, como saben, firma la sentencia de muerte en pocos años. Después de conocer la difícil noticia vive momentos muy duros junto a su familia. Inicialmente opta por la mal llamada muerte digna: "Sí. En nuestra cultura, vivir con determinadas discapacidades es incompatible con una vida digna. Así que ya ve, yo, católico, me dirigí a una asociación en Suiza, donde el suicidio asistido no esta penalizado". Antes de viajar a Suiza para suicidarse decide retirarse a su pueblo natal y allí se produce la conversión: "Pasé ocho meses solo en la montaña con una asistente. La caída física fue impresionante: perdí la movilidad, la capacidad de comer, de beber, de respirar solo. Pero cuando tenemos el coraje de permanecer solos, de enfrentarnos con nosotros mismos, la recompensa es ser nosotros mismos, ser sinceros, y esto me ha ayudado muchísimo, porque ahora me siento verdadero. Ser verdadero simplifica inmensamente la vida, la hace fácil. Lo que pasa es que nos contamos historias a nosotros mismos, nos escondemos detrás de ideas y conceptos, y eso falsea la relación con la gente que amamos. Estoy aprendiendo a escuchar, a ser una persona humilde, que no es fácil pero es fundamental, y sobre todo a no dar nada por descontado. Comprendí que como médico todavía podía dar muchas cosas a mis pacientes y como hombre, a mí mismo y a mis hijos". Y así es como este milagro se realiza de la forma más natural y normal: "Entendemos el milagro como un cambio rotundo, no se trata de que uno se levante de la silla de ruedas y comience a caminar. El milagro es la serenidad que te llega, un equilibrio fortísimo conmigo mismo. Cada uno debe ser el artífice del propio milagro y en ello la mente tiene un papel fundamental". Su profunda experiencia le lleva a pronunciar una interesante reflexión sobre la enfermedad y la muerte: "A la muerte no la temo, forma parte de nuestro recorrido. Yo creo que todo el que pide ayuda para morir, en realidad, está pidiendo ayuda para vivir, porque vivir con una discapacidad grave cuesta y si no eres ayudado es casi natural decirse: ¡pero qué clase de vida es esta! En nuestra cultura debemos aceptar que la enfermedad, la discapacidad, la fragilidad forman parte de nuestro ADN y por tanto no son hechos que se deban gestionar paralelamente a la vida, son parte de la vida. Ese es el gran esfuerzo que permite valorar todo lo que yo le estoy diciendo sin necesidad de vivirlo". A sus cincuenta años el doctor Mario Melazzini dirige el hospital Oncológico de la Fundación Maugeri de Pavía y el Centro Nemo, para enfermos de ELA. Imparte conferencias por todo el mundo para hablar de la calidad de vida en el enfermo, la vida digna, la esperanza y proclama una verdad que no es muy habitual escuchar en nuestro tiempo: "La enfermedad me ha permitido, como hombre y como médico, vivir con alegría y con humildad la infinita belleza de existir". La entrevista la encuentro en La Vanguardia , se puede leer entera también aquí y se puede completar con este impresionante reportaje en italiano de la RAI en Youtube.