Reconozco que mientras paseaba el otro día por los alrededores de la puerta de Alcalá de Madrid, a priori, me pareció otra más de las muchas y buenas exposiciones que adornan y florecen en torno a las calles de la capital de España. Después, cuando me detuve unos minutos a ver con detalle las grandes fotografías y a leer los acertados textos, descubrí uno de los más bellos homenajes a los niños, niñas, padres y madres que conviven con el Síndrome de Down. Un canto artístico de esta asociación a la Vida con mayúsculas. En estos tiempos en los que nuestra sociedad practica sin complejos el "Genocidio Down" reconforta que fotógrafos profesionales plasmen a través de sus cámaras esa verdad que dice que los niños down sólo dan una mala noticia en la vida porque el resto son todas buenas. La muestra se titula "Más allá de un rostro" y está compuesta por más de ciento treinta imágenes de gran formato de niños con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales, de entre un mes y seis años de edad, que han transformado la madrileña Plaza de la Independencia en gran exposición fotográfica al aire libre llena de ilusión y optimismo, que invita a la normalización y a la integración. Los retratos de los pequeños, acompañados de su nombre y una frase escrita por sus padres, son bellamente provocadores e invitan a la reflexión. El objetivo es mostrar a la sociedad que estos niños, maestros en el arte de fabricar sonrisas y dar ternura, tienen los mismo juegos y aficiones que los demás. Merece la pena dedicar unos minutos a repasar algunas de estas instantáneas (se pueden ver en el album de Facebook aquí) y descubrir lo que muchos, por ignorancia, desconocimiento o engaño, se han perdido ya en esta vida.
Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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jueves, 23 de junio de 2011
SÍNDROME DOWN Y DISCAPACIDAD: "MÁS ALLÁ DE UN ROSTRO"
Reconozco que mientras paseaba el otro día por los alrededores de la puerta de Alcalá de Madrid, a priori, me pareció otra más de las muchas y buenas exposiciones que adornan y florecen en torno a las calles de la capital de España. Después, cuando me detuve unos minutos a ver con detalle las grandes fotografías y a leer los acertados textos, descubrí uno de los más bellos homenajes a los niños, niñas, padres y madres que conviven con el Síndrome de Down. Un canto artístico de esta asociación a la Vida con mayúsculas. En estos tiempos en los que nuestra sociedad practica sin complejos el "Genocidio Down" reconforta que fotógrafos profesionales plasmen a través de sus cámaras esa verdad que dice que los niños down sólo dan una mala noticia en la vida porque el resto son todas buenas. La muestra se titula "Más allá de un rostro" y está compuesta por más de ciento treinta imágenes de gran formato de niños con síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales, de entre un mes y seis años de edad, que han transformado la madrileña Plaza de la Independencia en gran exposición fotográfica al aire libre llena de ilusión y optimismo, que invita a la normalización y a la integración. Los retratos de los pequeños, acompañados de su nombre y una frase escrita por sus padres, son bellamente provocadores e invitan a la reflexión. El objetivo es mostrar a la sociedad que estos niños, maestros en el arte de fabricar sonrisas y dar ternura, tienen los mismo juegos y aficiones que los demás. Merece la pena dedicar unos minutos a repasar algunas de estas instantáneas (se pueden ver en el album de Facebook aquí) y descubrir lo que muchos, por ignorancia, desconocimiento o engaño, se han perdido ya en esta vida.
viernes, 5 de junio de 2009
EL ARMA MÁS PODEROSA: EL PERDÓN
Para la mayoría de la sociedad la imagen más representativa de la guerra del Vietnam es la fotografía de una niña corriendo despavorida por una carretera, desnuda y abrasada por el napalm. Han pasado más de 35 años desde entonces y Kim Phuc, su famosa protagonista, ha vuelto a recordar ese horror durante un acto de apoyo a la campaña 'Reescribamos el futuro', de la ong Save the Children: "El 8 de junio de 1972, todos estábamos escondidos en el templo. Los soldados escucharon a los aviones sobrevolando el lugar y gritaron, ¡corran, corran! Corrí con mis hermanos y mis primos, y cuando me quise dar cuenta había perdido mi ropa, y mi piel empezaba arder. El dolor era tan terrible que perdí la consciencia". Kim sufrió quemaduras en el 65% de su cuerpo, pero Nick Ut, el fotógrafo vietnamita autor de la foto que dio la vuelta al mundo y ganó el Pulitzer en 1973, la recogió, la llevó a hospital y le salvó la vida. Permaneció hospitalizada 14 meses y desde entonces ha sufrido en sus carnes 17 operaciones. Traigo la historia de Kim al blog porque su testimonio lo vamos a sumar a la galería de personajes de los que hemos hablado en los últimos posts y que, a pesar del sufrimiento y el dolor que ha inundado sus vidas, han sabido apostar por la radicalidad del perdón: "Cuando leí por primer vez las palabras de Jesús 'amar a tus enemigos', no sabía como hacerlo. Soy humana, tengo mucho dolor, muchas cicatrices y he sido víctima mucho tiempo. Creí que sería imposible. Tuve que rezar mucho y no fue fácil, pero al final lo logré gracias al amor de mi familia y de Dios". En 1996, la Fundación para la Memoria de los Veteranos de Vietnam la invitó a Washington y allí conoció a uno de los pilotos que participaron en el bombardeo de Trang Bang, su aldea. Kim Phuc le perdonó públicamente entre sollozos, convirtiéndose en el símbolo mundial de la reconciliación. "El perdón es más poderoso que cualquier arma del mundo. Mi foto es un símbolo de la guerra, pero mi vida es un símbolo de amor, esperanza y perdón". Sólo después de leer y escuchar este increíble testimonio se entiende mejor la sonrisa con la que posa la señora Phuc en esta otra fotografía para la prensa como embajadora de la Unesco y de su propia fundación.
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