Inma Ripoll tiene 26 años. Es la segunda de siete hermanos y la quinta de su familia que decide entrar en un convento de estricta clausura como es el de las Clarisas de la localidad burgalesa de Lerma. Hasta ahora mundo y vida no le han faltado. Ha trabajado como profesora de educación infantil en un colegio de Madrid, ha tenido su propio coche, una familia muy unida, muchos amigos y una gran afición por los viajes. Ha estado en México, Francia, Italia, Israel, Alemania, Gran Bretaña y EEUU. Ha tenido un par de novios y siempre le ha gustado salir por ahí y estar con sus muchos amigos. Hace ocho años Dios le tiró los tejos por primera vez: "En una peregrinación a Israel cuando tenía 17 años, en la casa de la Virgen en Nazaret escuché, leyendo el Evangelio: ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’, y me di cuenta de que el día que yo pudiera decir eso, sería feliz. Después, en la jornada mundial de la Juventud con Juan Pablo II en Roma, vi que el Señor me pedía ser monja de clausura, pero me agobió. Durante ocho años tuve ahí la vocecilla del Señor, pero la acallaba bastante bien. Estaba convencida de que me iba a casar. Pero cuando acababa con un chico, me venía otra vez a la cabeza. Tenía una lucha increíble. Decía: ‘Dios no va a querer algo que no me gusta”. Ocho años después ingresa como monja de clausura en el mismo convento en el que están sus hermanas. Sus padres pertenecen al Camino Neocatecumenal y han educado a sus hijos en la Fe y en la autenticidad de la Vida Cristiana. Para nuestro mundo Inma y sus cuatro hermanas son extraterrestres. Y no le falta algo de razón. Viven fuera de lo que es exclusivamente terrestre. Sus vidas han cambiado radicalmente, por lo que dicen, a mejor: "Tantas veces he estado a las mil de la mañana por ahí… Y ahora me levantaré cuando muchos están tomando copas, quizá sin ver sentido a su vida o pensando abortar, para rezar por ellos. Sé que esto no es un salto al vacío, sino a la fe. Yo he visto que mis padres se han fiado: cuando han tenido otro hijo, cuando se han quedado en paro… Y Dios no deja en la estacada. Soy la mujer más feliz del mundo, desde que Le dije que sí. Me suelen preguntar cómo una chica normal puede entrar en un convento de clausura? Y siempre contesto que porque Jesucristo está vivo, es hombre y enamora a mujeres muy mujeres. Porque si fuéramos para ser felices solas, sería absurdo. Hay quien dice: ‘Os encerráis, despreciáis el mundo, no os importa nada’. Pero nos consagramos por el mundo, por nuestros hijos, que sois vosotros, por los que rezamos día y noche".Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
domingo, 2 de agosto de 2009
LIBRES EN EL CONVENTO DE CLAUSURA DE LERMA
Inma Ripoll tiene 26 años. Es la segunda de siete hermanos y la quinta de su familia que decide entrar en un convento de estricta clausura como es el de las Clarisas de la localidad burgalesa de Lerma. Hasta ahora mundo y vida no le han faltado. Ha trabajado como profesora de educación infantil en un colegio de Madrid, ha tenido su propio coche, una familia muy unida, muchos amigos y una gran afición por los viajes. Ha estado en México, Francia, Italia, Israel, Alemania, Gran Bretaña y EEUU. Ha tenido un par de novios y siempre le ha gustado salir por ahí y estar con sus muchos amigos. Hace ocho años Dios le tiró los tejos por primera vez: "En una peregrinación a Israel cuando tenía 17 años, en la casa de la Virgen en Nazaret escuché, leyendo el Evangelio: ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’, y me di cuenta de que el día que yo pudiera decir eso, sería feliz. Después, en la jornada mundial de la Juventud con Juan Pablo II en Roma, vi que el Señor me pedía ser monja de clausura, pero me agobió. Durante ocho años tuve ahí la vocecilla del Señor, pero la acallaba bastante bien. Estaba convencida de que me iba a casar. Pero cuando acababa con un chico, me venía otra vez a la cabeza. Tenía una lucha increíble. Decía: ‘Dios no va a querer algo que no me gusta”. Ocho años después ingresa como monja de clausura en el mismo convento en el que están sus hermanas. Sus padres pertenecen al Camino Neocatecumenal y han educado a sus hijos en la Fe y en la autenticidad de la Vida Cristiana. Para nuestro mundo Inma y sus cuatro hermanas son extraterrestres. Y no le falta algo de razón. Viven fuera de lo que es exclusivamente terrestre. Sus vidas han cambiado radicalmente, por lo que dicen, a mejor: "Tantas veces he estado a las mil de la mañana por ahí… Y ahora me levantaré cuando muchos están tomando copas, quizá sin ver sentido a su vida o pensando abortar, para rezar por ellos. Sé que esto no es un salto al vacío, sino a la fe. Yo he visto que mis padres se han fiado: cuando han tenido otro hijo, cuando se han quedado en paro… Y Dios no deja en la estacada. Soy la mujer más feliz del mundo, desde que Le dije que sí. Me suelen preguntar cómo una chica normal puede entrar en un convento de clausura? Y siempre contesto que porque Jesucristo está vivo, es hombre y enamora a mujeres muy mujeres. Porque si fuéramos para ser felices solas, sería absurdo. Hay quien dice: ‘Os encerráis, despreciáis el mundo, no os importa nada’. Pero nos consagramos por el mundo, por nuestros hijos, que sois vosotros, por los que rezamos día y noche".miércoles, 20 de mayo de 2009
LA RADICALIDAD DEL PERDÓN CRISTIANO
Hace unos días hablabamos en este blog, al recordar el impresionante gesto de Juan Pablo II de visitar en la cárcel y perdonar a su asesino Ali Agcá, de la dificultad real de encarnar con nuestra vida el perdón cristiano en toda su radicalidad. Que sea difícil, desde luego, no quiere decir imposible. Prueba de ello es este espectacular testimonio de los padres adoptivos de un joven de 19 años asesinado a cuchilladas por unos delincuentes durante la pasada feria de abril de Sevilla. Se llaman Reyes y Jorge, son un matrimonio del camino neocatecumenal, y han decidido dar testimonio público de una Fe y de un modo de vivir que, lejos de fundamentalismos y retrogradeces caricaturescas, les lleva a perdonar de forma total y absoluta a los asesinos de su hijo, Juan Fernando. Dicen que no está muerto. Que, como afirma Jesucristo en el Evangelio a la hija de Jairo, está dormido. Que está gozando ya de la vida eterna muy cerca de Dios y puede interceder por nosotros. Y eso a pesar de que se nota, y reconocen, que les cuesta a veces verlo y sentirlo así. Han decidido acudir a algunos platós de televisión de España para transmitir un mensaje a esta sociedad "que ha quitado Dios de su vida" y afirmar, con una serenidad que conmueve, que "Dios no condenará a los que mataron a nuestro hijo porque su juicio es de misericordia y perdón". Unos padres ejemplares que, incluso, se atreven a confortar a los padres de los asesinos de su hijo: "puede ser el principio de la salvación que necesita tu hijo. La persona no cambia ni por la estructura ni por la política sino cuando es tocado en el corazón. El perdón y el sentirse amado cambia y regenera el corazón del hombre". Alguno pensará que están chalados o trastornados por la desgracia. A mi, por el contrario, me parecen convincentes, heroicos, auténticos y esperanzados. Después de ver esta conmovedora entrevista con Jesús Quintero en sus "Ratones coloraos" tengo la certeza del tamaño infinito que tiene que tener la sonrisa satisfecha y colmada de su hijo al contemplar el ejemplo de unos padres así desde el cielo. Que Dios les bendiga y les reconforte de por vida. (Para ver la segunda parte de la entrevista pinche aquí)