“Capicúa” es un cortometraje del jovencísimo realizador catalán Roger Villarroya (Barcelona, 1985) que ha obtenido el Gran Premio del Jurado en el Jameson Notodofilmfest en su edición de 2010 y que merece la pena ver. De principio a fin. El jurado de la última edición ha considerado que Capicúa es la mejor película "por su estudiada sencillez, por su brillante efectividad, por su tremenda ternura exenta de efectismo, y por su hermoso homenaje a la primera y, sobre todo, tercera edad". La palabra capicúa (en matemáticas, número palíndromo) se refiere a cualquier número que se lee igual de izquierda a derecha y de derecha a izquierda (Ejemplos: 212, 7.540.550.457). El término se origina en la expresión catalana cap i cua (cabeza y cola). Pues eso.
Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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domingo, 16 de mayo de 2010
CAPICÚA DE ROGER VILLAROYA
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jueves, 5 de noviembre de 2009
EL BRAVAL SIN AYUDAS DEL AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Interesante artículo de Enric González en El País sobre la negativa de ayudas del Ayuntamiento de Barcelona a Braval, una iniciativa del Opus Dei en el barrio de El Raval para integrar a niños y jóvenes españoles y extranjeros. No es que sea un dineral, apenas 3.000 euros frente a los 8.000 que pagan al consistorio por las instalaciones, pero sí es escandaloso el motivo esgrimido: el Ayuntamiento les ha denegado la subvención porque sólo trabajan con chicos. Ideología barata que, una vez más, choca con el sentido común. Dice entre otras muchas cosas interesantes el nada sospechoso de carca o ultra González: "Vale la pena visitar las instalaciones de Braval, fundada en 2002 en la calle de la Cera, para ver el Raval desde abajo, desde el punto de vista de los niños. Tiene sus símbolos cristianos, su capilla y su placa dedicada a Escrivá de Balaguer, pero el barullo (las idas y venidas de los chavales, la limpieza de las camisetas deportivas, la manutención de los ordenadores) y la mezcla (chicos procedentes de 30 países, con 10 idiomas distintos y nueve religiones, sin contar con los no religiosos) generan un cierto ecumenismo. En cualquier caso, el objetivo de Braval no consiste en salvar almas, sino en resolver urgencias muy concretas y materiales. Su director, Pep Masabeu, un tipo tremendamente pesado cuando se trata de conseguir cosas para sus chavales (casi 250 este ejercicio), es pedagogo. ¿Sus máximos orgullos? Que seis de sus críos hayan llegado ya a la Universidad, que una cincuentena hayan encontrado trabajo regular, que varios de ellos se hayan convertido a su vez en voluntarios para ayudar a los que están llegando. En el Bronx neoyorquino existe un centro similar, el Crotona, también del Opus. Lo visité hace unos años. Pregunté a un voluntario (numerario del Opus Dei) si los chicos, de entre 10 y 18 años, tenían que ir a misa. "¿Misa? Mi trabajo consiste ahora mismo en evitar que ese cabronazo de ahí (y señaló con una sonrisa a un chavalín que tendría 11 o 12) acabe robando en las iglesias pistola en mano, e intentaré que estudie y se imponga un mínimo de autodisciplina; a partir de ahí, él sabrá". La idea viene a ser ésa".
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