Rescato ahora esta interesante columna de Miguel Delibes en el diario ABC, de diciembre de 2007, a propósito de la movilización político-social de aquel tiempo con motivo del debate sobre la ampliación de la ley del aborto. Se titulaba "Aborto libre y progresismo". Lo hago en el día de su fallecimiento consciente de que el maestro de la literatura castellana va a ser ensalzado en las próximas horas por tantos, y tantas otras razones, que, en muchos casos, olvidarán interesadamente un dato significativo: la profunda y veraz antropología cristiana que sustentaba su pluma y su forma de pensar y vivir. Delibes nunca olvidó la defensa de la vida por ese "insobornable criterio moral para lo que es justo". Así decía el maestro de periodistas en esa brillante columna sobre este terrible crimen: "Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. (...) En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. (...) Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado".Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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viernes, 12 de marzo de 2010
MIGUEL DELIBES Y EL ABORTO
Rescato ahora esta interesante columna de Miguel Delibes en el diario ABC, de diciembre de 2007, a propósito de la movilización político-social de aquel tiempo con motivo del debate sobre la ampliación de la ley del aborto. Se titulaba "Aborto libre y progresismo". Lo hago en el día de su fallecimiento consciente de que el maestro de la literatura castellana va a ser ensalzado en las próximas horas por tantos, y tantas otras razones, que, en muchos casos, olvidarán interesadamente un dato significativo: la profunda y veraz antropología cristiana que sustentaba su pluma y su forma de pensar y vivir. Delibes nunca olvidó la defensa de la vida por ese "insobornable criterio moral para lo que es justo". Así decía el maestro de periodistas en esa brillante columna sobre este terrible crimen: "Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. (...) En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para estos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia. En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. (...) Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado".
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martes, 13 de enero de 2009
¿EXISTE UN DERECHO A TENER HIJOS?
Hay una gran diferencia entre considerar a los hijos como un derecho de los padres a pensar que son un don de la vida. En primer lugar porque de este planteamiento dependerá lo que uno esté dispuesto a hacer para tenerlos y porque también determinará el modo de educarlos y prepararlos para la vida. Es muy distinto educar a alguien que es de mi propiedad a hacerlo con alguien que es un regalo, que, de algún modo, nos ha sido confiado. Reconozco que desde mi reciente paternidad doy vueltas a esta idea porque me parece que explica buena parte de los problemas antropológicos y éticos con los que nos enfrentamos en este tiempo. Precisamente este domingo escuché al Papa, en su homilia dominical con motivo de la Solemnidad del Bautismo del Señor, unas palabras que me parecen clarificadoras al respecto:"El niño no es propiedad de los padres, sino que ha sido confiado por el Creador a su responsabilidad, libremente y de una forma siempre nueva, para que éstos le ayuden a ser un libre hijo de Dios. Sólo si los padres maduran esta conciencia conseguirán encontrar el justo equilibrio entre la pretensión de poder disponer de los propios hijos como si fueran una propiedad privada, plasmándolos en base a las propias ideas y deseos, y la postura libertaria que se expresa en dejarlos crecer en autonomía plena, satisfaciendo cada uno de sus deseos y aspiraciones, considerando la forma adecuada de cultivar su personalidad".
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