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miércoles, 7 de abril de 2010

JON JUARISTI DEFIENDE A BENEDICTO XVI

A propósito del feroz ataque que está recibiendo estos días el Papa Benedicto XVI con motivo de su Carta a los católicos irlandeses tras los casos de abusos sexuales y pedofília por parte de algunos malos sacerdotes, escribía el judío Jon Juaristi un interesante artículo en el ABC de este domingo titulado "Justicieros": "Por si no lo he dicho ya suficientes veces, no soy católico, pero ni a mí se me escapa la inmensa talla moral del actual pontífice en comparación con sus actuales y pululantes detractores, verdadera masa de acoso. No es necesario ser católico para ver con claridad hacia dónde conduce esta batida mediática contra la Iglesia, y, aunque admito que la condición de judío ayuda lo suyo a intuirlo, creo que basta con entender que el justicierismo supone siempre una corrupción del recto sentido de la justicia. Éste se ha eclipsado desde que Benedicto XVI hizo pública su carta a los católicos irlandeses. Desde ese momento, el blanco de los ataques ya no lo constituyen los curas pederastas y los obispos encubridores, sino el Papa, contra el que se ha movilizado la progresía justiciera, tomando la carta en cuestión como un síntoma de debilidad, cuando ha sido, a todas luces, una demostración de fuerza moral que deja en evidencia la incapacidad flagrante del progresismo para llevar a cabo una crítica análoga de sus propias iniquidades. (...) Y es que sólo el Papa y la Iglesia se han tomado en serio este asunto. Explotando el escándalo, la prensa amarilla sólo busca vender, y la progre, sacar a los católicos del espacio público, o al menos, si la campaña no diera para tanto, dejar la reputación del clero por los suelos".

sábado, 14 de noviembre de 2009

VITTORIO MESSORI: ENTENDER LA MORAL

Con motivo de la publicación del último libro del periodista italiano Vittorio Messori hemos podido leer en los medios de comunicación algunas interesantes entrevistas con el autor. Se trata de "Por qué creo" editado por Libros Libres en el que el propio Messori cuenta al vaticanista Andrea Tornelli su soprendente conversión al catolicismo, a los 23 años de edad, después de haber sido educado de un modo profundamente anticlerical: "Lo que me acaeció en aquel lejano verano es un episodio aislado de mi vida. Yo no soy un místico ni un visionario. Soy muy realista, muy pragmático, muy racional. Y sin embargo viví durante dos meses lo que no puedo llamar de otra forma que una experiencia mística. De ser anticlerical, agnóstico y laicista, me descubrí, sin yo quererlo, católico. Toda mi vida posterior, todos los libros que he escrito, son intentos de reflexionar y razonar sobre ese descubrimiento, y de intentar explicar, ante todo a mí mismo, por qué el Evangelio es verdad". En una de estas entrevistas ha retratado muy bien los problemas de comunicación que padece muchas veces la Iglesia Católica al tratar de explicar la moral a las personas de nuestro tiempo. Algo así como afirmar que hoy en día es muy complicado entender la moral de máximos que propone el humanismo cristiano si no se tiene previamente una auténtica vivencia y conocimiento de la Fe y de la Oración. La moral, el comportamiento moral de los cristianos, es incomprensible e inaccesible sin la experiencia y justificación de la Fe. Así lo explica él con estas sensatas palabras: "Se ha invertido el orden lógico, que consiste en que primero viene la fe, y como consecuencia de la fe, la moral. No puedo seguir la moral católica si no sé por qué debo seguirla. ¿Por qué debo estar con una mujer toda mi vida, si ya no nos amamos? ¿Por qué tengo que aceptar un embarazo por la locura de un minuto?¿Por qué debo sufrir durante meses inútilmente cuando se puede acabar con el sufrimiento? En un plano exclusivamente humano no es posible pedir a la gente que renuncie a esas tres cosas. El rechazo sólo puede ser consecuencia de una elección de fe. Pero si la Iglesia no se preocupa ya de demostrar la razón de la fe, si la Iglesia renuncia a la apologética, ¿cómo se podrá pedir a la gente ese rechazo? Esa apologética es lo que he intentado en mi veintena larga de libros".

martes, 2 de diciembre de 2008

VINO PARA UN NAUFRAGIO

Bello y edificante artículo de Juan Manuel de Prada en el ABC. Bajo el título "Los perros y la fe" el escritor vizcaíno-zamorano rememora la cantidad de veces que a lo largo de la historia ha dado la impresión de que el cristianismo iba a llegar a su fin. Frente a enemigos como el Nominalismo, el Islam o el Paganismo, en cada momento de la historia, cuando la fe católica ha estado a punto de sucumbir, han surgido fenómenos como Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Asís o San Ignacio de Loyola que han hecho que resurja de sus cenizas. Para el columnista todas las épocas han tratado de emborrachar a sus hijos con vinos de todo tipo. El que ahora nos toca es el del Laicismo: "...y como todos los vinos aguachirles o ponzoñosos que se le han ofrecido a la Humanidad desde que el mundo es mundo, le dice al hombre que Dios no existe, le dice al hombre que él mismo es Dios, le promete la liberación de todas las ataduras, el Paraíso en la Tierra y un porvenir plagado de bienaventuranzas; y el hombre, engolosinado, bebe de ese vino hasta quedarse ahíto, para luego descubrir que todas esas promesas se resumen en una resaca sobresaltada de bascas y mareos". Afortunadamente, aunque estemos borrachos por ese vino adulterado del laicismo, siempre contaremos, a pesar de sus propias miserias, con el ejemplo del barco frágil de la Iglesia, que navega obstinado a contracorriente con una propuesta de Salvación: "La singladura que promete es áspera y fatigosa, a diferencia del plácido abandono que augura dejarse arrastrar por la corriente. En su sufriente itinerario, ese barco es asaltado por piratas, desgarrado por luchas intestinas, acechado por bajíos y arrecifes, zarandeado por mil tempestades, pero el timonel que lo guía jamás desvía el rumbo. Y, cuando ya parece sucumbir a las Escilas y Caribdis que le lanzan mil dentelladas, vuelve a resurgir, dejando atrás a la jauría". Es la Fuerza de una Fe a la que, cual tabla de naúfragos en medio del mar, algunos nos abrazamos.