Ahora que nos hemos puesto a hablar del mercado futbolístico les contaré el contenido de la interesante conversación que mantuve el otro día a propósito del, a mi juicio, escandaloso fichaje de Cristiano Ronaldo por parte del Real Madrid, previo pago de 94 millones de euros, uséase, unos 15.827 millones de pesetas. Mi interlocutor era un apuesto joven, muy buena persona además de católico practicante, licenciado en Economía y Derecho Internacional por una prestigiosa universidad española, que ha trabajado un par de años en una de las mejores consultoras del mundo y actualmente está haciendo un máster en la Universidad de Harvard. Antes de partir hacia el Tercer Mundo, donde invertirá su verano echando una buena mano a las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, nos tomamos un amistoso café glacé en una terraza veraniega de Madrid. Aseguraba que por más vueltas que le había dado al asunto la transacción económica entre el jugador y el club le podía parecer normal y lógica ya que el jugador lo valía y además generaba el valor en marketing y publicidad. De alguna forma se apuntaba a la vieja teoría liberal de que al final es el mercado, la ley de la oferta y la demanda, el que determina de una forma absoluta e impune el precio de las cosas y la licitud de determinadas operaciones financieras. Si un señor puede ganar equis dinero en una operación, porque su valor en el mercado lo vale y lo genera, lo que sería inmoral, aseguran, es no ganarlo. Le volví a preguntar si no le parecía que desde el punto de vista de la estética, la ética y la moral, en estos tiempos de terrible crisis económica, en un mundo en el que el hambre afecta directamente a 1.100 millones de personas, en el que muchos mueren por pobreza, desigualdad, explotación y falta de recursos, nos podíamos permitir en el primer mundo la indecencia de invertir en el fútbol esa astronómica cantidad económica. No lo veía del todo claro aunque tampoco se cerraba en banda a pensarlo. Después de despedirnos y desearnos todo tipo de parabienes para el verano me quedé pensativo. Algo estamos haciendo y viviendo mal en nuestra sociedad para que ni tan siquiera detectemos un problema ético, o nos suscite algún interrogante moral, una cuestión tan susceptible de ello como ésta. Mañana 7 de julio, coincidiendo con la festividad de San Fermín, se publica en todo el mundo la tercera encíclica de Benedicto XVI titulada "Caritas in Veritate" (El Amor en la Verdad). Habrá que dedicar tiempo y esfuerzo a leerla detenidamente. Creo sinceramente que esta encíclica va a suponer un revulsivo para nuestras conciencias narcotizadas por la sociedad del bienestar y de consumo y un mayor compromiso por parte de nosotros los cristianos hacia el bien común.Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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lunes, 6 de julio de 2009
CRISTIANO RONALDO IN VERITATE
Ahora que nos hemos puesto a hablar del mercado futbolístico les contaré el contenido de la interesante conversación que mantuve el otro día a propósito del, a mi juicio, escandaloso fichaje de Cristiano Ronaldo por parte del Real Madrid, previo pago de 94 millones de euros, uséase, unos 15.827 millones de pesetas. Mi interlocutor era un apuesto joven, muy buena persona además de católico practicante, licenciado en Economía y Derecho Internacional por una prestigiosa universidad española, que ha trabajado un par de años en una de las mejores consultoras del mundo y actualmente está haciendo un máster en la Universidad de Harvard. Antes de partir hacia el Tercer Mundo, donde invertirá su verano echando una buena mano a las hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, nos tomamos un amistoso café glacé en una terraza veraniega de Madrid. Aseguraba que por más vueltas que le había dado al asunto la transacción económica entre el jugador y el club le podía parecer normal y lógica ya que el jugador lo valía y además generaba el valor en marketing y publicidad. De alguna forma se apuntaba a la vieja teoría liberal de que al final es el mercado, la ley de la oferta y la demanda, el que determina de una forma absoluta e impune el precio de las cosas y la licitud de determinadas operaciones financieras. Si un señor puede ganar equis dinero en una operación, porque su valor en el mercado lo vale y lo genera, lo que sería inmoral, aseguran, es no ganarlo. Le volví a preguntar si no le parecía que desde el punto de vista de la estética, la ética y la moral, en estos tiempos de terrible crisis económica, en un mundo en el que el hambre afecta directamente a 1.100 millones de personas, en el que muchos mueren por pobreza, desigualdad, explotación y falta de recursos, nos podíamos permitir en el primer mundo la indecencia de invertir en el fútbol esa astronómica cantidad económica. No lo veía del todo claro aunque tampoco se cerraba en banda a pensarlo. Después de despedirnos y desearnos todo tipo de parabienes para el verano me quedé pensativo. Algo estamos haciendo y viviendo mal en nuestra sociedad para que ni tan siquiera detectemos un problema ético, o nos suscite algún interrogante moral, una cuestión tan susceptible de ello como ésta. Mañana 7 de julio, coincidiendo con la festividad de San Fermín, se publica en todo el mundo la tercera encíclica de Benedicto XVI titulada "Caritas in Veritate" (El Amor en la Verdad). Habrá que dedicar tiempo y esfuerzo a leerla detenidamente. Creo sinceramente que esta encíclica va a suponer un revulsivo para nuestras conciencias narcotizadas por la sociedad del bienestar y de consumo y un mayor compromiso por parte de nosotros los cristianos hacia el bien común.
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