Cuesta entender que todavía no se le haya ocurrido a ningún renombrado director de cine norteamericano del momento llevar a la gran pantalla la vida de esta grandiosa mujer en una magna superproducción hollywoodiense. Sin duda sería un éxito mundial de crítica, público y taquilla ya que su existencia cuenta con todos los ingredientes para configurar una buena y atractiva historia. Edith Stein, cuya festividad se conmemora este domingo, tiene una biografía prodigiosa y muy interesante para nuestro tiempo. Mujer, intelectual, atea, filósofa, judía, carmelita, santa y mártir en el campo de concentración de Auzwichtz. Por el momento habrá que conformarse con la película italiana que se hizo en 1997 bajo el título “Settima Stanza” dirigida por Márta Mészáros y magistralmente interpretada por la gran actriz Maia Morgestern, en el papel protagonista, a la que pertenece esta dura escena final. Cuando la vean no se olviden del subtítulo que lleva el film: “el amor vence al miedo”.Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
domingo, 9 de agosto de 2009
EDITH STEIN
Cuesta entender que todavía no se le haya ocurrido a ningún renombrado director de cine norteamericano del momento llevar a la gran pantalla la vida de esta grandiosa mujer en una magna superproducción hollywoodiense. Sin duda sería un éxito mundial de crítica, público y taquilla ya que su existencia cuenta con todos los ingredientes para configurar una buena y atractiva historia. Edith Stein, cuya festividad se conmemora este domingo, tiene una biografía prodigiosa y muy interesante para nuestro tiempo. Mujer, intelectual, atea, filósofa, judía, carmelita, santa y mártir en el campo de concentración de Auzwichtz. Por el momento habrá que conformarse con la película italiana que se hizo en 1997 bajo el título “Settima Stanza” dirigida por Márta Mészáros y magistralmente interpretada por la gran actriz Maia Morgestern, en el papel protagonista, a la que pertenece esta dura escena final. Cuando la vean no se olviden del subtítulo que lleva el film: “el amor vence al miedo”.sábado, 6 de junio de 2009
MADRES CATEDRALICIAS
Cuando la filósofa judía Edith Stein empezaba su vida de carmelita descalza, su madre, una gran mujer, madre de once hijos, que llevó adelante el negocio de maderas de su difunto esposo, tenía 84 años. "Era completamente imposible tratar de hacérselo comprender a mi madre", escribía Edith a una amiga, refiriéndose a su decisión por la clausura. "Ella permaneció en sus trece, y yo no contaba más que con la confianza en la gracia de Dios y en la fuerza de nuestra oración -continúa-. Me ayudaba de alguna manera pensar que mi madre también era creyente y que seguía siendo de una naturaleza resistente". El 12 de octubre, día de su cumpleaños, la joven acompañó a su madre al culto sinagogal "porque quería estar con ella el mayor tiempo posible", confiesa en su diario. Y prosigue: "Mi madre me pidió que volviéramos a casa andando. ¡Aproximadamente tres cuartos de hora con 84 años! Yo tuve que avenirme a su petición, pues me di cuenta de que ella deseaba hablar conmigo sin que nadie nos molestara". Edith, después Santa Teresa Benedicta de la Cruz, recoge los detalles de aquel día difícil: "Al final, nos quedamos solas en la habitación mi madre y yo... Entonces ella escondió el rostro entre sus manos y rompió a llorar". "Yo me coloqué detrás de su silla y estreché su cabeza plateada contra mi pecho. Permanecimos así largo tiempo, hasta que me dijo que quería ir a la cama", continúa. "Subí con ella a su habitación y la ayudé a desvestirse, ¡por primera vez en mi vida! Después me senté en su cama, hasta que ella me mandó a dormir. Seguramente ninguna de las dos pegamos ojo aquella noche". Dos días después, el 14 de octubre, Edith Stein entraba en el Carmelo de Colonia, del que saldría con su hermana Rosa para trasladarse a un Carmelo de Holanda. Este viaje tenía el objetivo de salvarlas de la persecución del nazismo contra los judíos, aunque, como es sabido, este noble intento no tuvo resultado y Edith y su hermana murieron en las cámaras de gas de Auschwitz en agosto de 1942. Este domingo celebramos la jornada "Pro Orantibus" dedicada a los contemplativos consagrados a la oración. Buena parte de la "semilla" de éstas y otras vocaciones es de muchas madres que, con su genial invisibilidad, han sido, y son, hacedoras de auténticas catedrales. (VEA EL VIDEO)