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viernes, 2 de abril de 2010

LA CRUZ DE CRISTO: LLAMADA A LA FIDELIDAD MATRIMONIAL

Hay otra buena enseñanza para el matrimonio que nos viene del amor de Dios manifestado en la Cruz de Cristo. El amor de Dios por el hombre es fiel y eterno: «Con amor eterno te he amado», dice Dios al hombre en los profetas (Jr, 31,3), y también: «En mi lealtad no fallaré» (Sal 89,34). Dios se ha ligado a amar para siempre, se ha privado de la libertad de volver atrás. En nuestra sociedad se cuestiona cada vez con mayor frecuencia qué relación puede haber entre el amor de dos jóvenes y la ley del matrimonio; qué necesidad de «vincularse» tiene el amor, que es todo impulso y espontaneidad. Así, son cada vez más numerosos quienes rechazan la institución del matrimonio y optan por el llamado amor libre o la simple convivencia de hecho. Sólo si se descubre la relación profunda y vital que hay entre ley y amor, entre decisión e institución, se puede responder correctamente a esas preguntas y dar a los jóvenes un motivo convincente para «atarse» a amar para siempre y no tener miedo a hacer del amor un «deber». «Sólo cuando existe el deber de amar -apuntó el filósofo que, después de Platón, ha escrito las cosas más bellas sobre el amor, Kierkegaard-, sólo entonces el amor está garantizado para siempre contra cualquier alteración; eternamente liberado en feliz independencia; asegurado en eterna bienaventuranza contra cualquier desesperación». El sentido de estas palabras es que la persona que ama, cuanto más intensamente ama, más percibe con angustia el peligro que corre su amor. Peligro que no viene de otros, sino de ella misma. Bien sabe que es voluble, y que mañana, ¡ay!, podría cansarse y no amar más, o cambiar el objeto de su amor. Y ya que, ahora que está en la luz del amor, ve con claridad la pérdida irreparable que esto comportaría, he aquí que se previene «atándose» a amar con el vínculo del deber y anclando, de este modo, a la eternidad su acto de amor, el cual se sitúa en el tiempo. Ulises deseaba volver a ver su patria y a su esposa, pero tenía que atravesar el lugar de las sirenas que fascinan a los navegantes con su canto y les llevan a estrellarse contra las rocas. ¿Qué hizo? Se hizo atar al mástil de la nave, después de haber tapado con cera los oídos a sus compañeros. Al llegar a tal lugar, hechizado gritaba para que le desataran y poder alcanzar a las sirenas, pero sus compañeros no podían oírle, y así pudo volver a ver su patria y volver a abrazar a su esposa e hijo. Es un mito, pero ayuda a entender el porqué, también humano y existencial, del matrimonio «indisoluble» y, en un plano diferente, de los votos religiosos. El deber de amar protege al amor de la «desesperación» y lo hace «feliz e independiente» en el sentido de que protege de la desesperación de no poder amar para siempre. Dadme un verdadero enamorado -decía el mismo pensador- y él os dirá si, en amor, existe oposición entre placer y deber; si el pensamiento de «deber» amar para toda la vida procura al amante temor y angustia, o más bien gozo y felicidad total. Apareciéndose un día de Semana Santa a la beata Angela de Foligno, Cristo le dijo una palabra que se ha hecho célebre: «¡No te he amado en broma!». Cristo verdaderamente no nos ha amado en broma. Existe una dimensión lúdica y graciosa en el amor, pero él mismo no es una broma; es lo más serio y lo más cargado de consecuencias que existe en el mundo; la vida humana depende de él. Esquilo compara el amor con un leoncillo que se cría en casa, «dócil y tierno primero más que un niño», con el que se puede hasta bromear, pero que, creciendo, es capaz de causar estragos y manchar la casa de sangre. Estas consideraciones no bastarán para modificar la cultura presente que exalta la libertad de cambiar y la espontaneidad del momento, la práctica del «usar y tirar» aplicada también al amor. (Se encargará, lamentablemente, de hacerlo la vida, cuando al final uno se encuentre con cenizas en la mano y la tristeza de no haber construido nada duradero con el propio amor). Pero que por lo menos sirvan, estas consideraciones, para confirmar la bondad y la belleza de la propia elección a aquellos que han decidido vivir el amor entre el hombre y la mujer según el proyecto de Dios y sirvan para animar a muchos jóvenes a hacer la misma opción.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

CANTALAMESSA EN EL CONVENTO DE LERMA

El predicador de la Casa Pontificia, el Padre Rainiero Cantalamessa ha estado hace unos meses predicando un retiro a la Comunidad de las Monjas Clarisas de Lerma, en Burgos, que, como saben, desde junio de este año, se ha trasladado también al monasterio de San Pedro Regalado, en La Aguilera (Burgos) porque necesitan más sitio para atender a tantas vocaciones. En otras ocasiones ya nos hemos referido en este mismo blog a esta comunidad contemplativa por lo llamativo, en estos tiempos que corren, de sus continuas y florecientes vocaciones a la vida religiosa: más de 140 monjas con una media de edad de unos 35 años. El sabio capuchino Cantalamessa, encargado de predicar habitualmente al Papa y a los cardenales, se ha dejado acompañar por un equipo de la televisión italiana, la RAI, y ha grabado este reportaje para mostrar al mundo la "paradoja" de la alegría en clausura que tan atractiva y definitiva está resultando para muchas jóvenes de nuestro tiempo y país. ¿Por qué será?. Cuando menos, impactante.

martes, 20 de enero de 2009

INTIMIDAD CONYUGAL

Les recomiendo vivamente el texto íntegro de la Conferencia del Padre Rainiero Cantalamessa en el Congreso Teológico Pastoral que se ha celebrado recientemente dentro del VI Encuentro Mundial de las Familias en Méjico. Es como para dedicarle unos largos y provechosos minutos de reflexión, estudio y lectura. Se trata de un agudo y profundo análisis sobre las relaciones y los valores familiares en el que se habla, mucho y bien, sobre lo que es teológicamente el matrimonio en la historia de la Salvación. El predicador capuchino asegura que durante mucho tiempo, incluso desde sectores bienintencionados, se ha abordado el matrimonio exclusivamente por sus fines olvidándose de resaltar la gran riqueza de su valor subjetivo e interpersonal. Parafraseando al gran Juan Pablo II recuerda que en el amor matrimonial la persona se convierte en don y, mediante este don, realiza el sentido mismo de su ser y existir. Benedicto XVI ha ido más allá, en su primera encíclica, escribiendo cosas sorprendentes para el magisterio como la existencia del eros en el matrimonio y también en las relaciones entre Dios y el hombre. Por todo ello Cantalamessa recomienda a los propios cristianos vivir el ideal del amor esponsal redescubriéndolo en toda su plenitud. El acto constitutivo del matrimonio, que se define como ejercicio de humildad, es la donación recíproca, hacer don del propio cuerpo (o bien, en el lenguaje bíblico, de todo uno mismo) al cónyuge : "El verdadero rostro y el objetivo último de la creación del hombre varón y mujer es el de salir del propio aislamiento y "egoísmo", abrirse al otro y, a través del éxtasis temporal de la unión carnal, elevarse al deseo del amor y de la alegría sin fin". Por tanto la unión sexual entre los esposos tiene como objetivo "que, a través de este éxtasis y fusión de amor, el hombre y la mujer se eleven al deseo y tengan una cierta pregustación del amor infinito; recordando de dónde vienen y a dónde se dirigen". ¿Cabe quizás una más precisa y bella definición de lo que es y supone la intimidad conyugal?