Ilustrativo vídeo sobre la responsabilidad real y la valiente decisión de Benedicto XVI de entrar a fondo en todo este macabro asunto de los casos de abusos sexuales por parte de algunos integrantes de la Iglesia Católica. Lleva la firma de la agencia de noticias televisiva "Rome Reports" a raíz de un magnífico artículo en el New York Times, que tanta basura, por cierto, ha arrojado sobre el particular, por parte de uno de los periodistas "vaticanólogos" más reputados de la profesión periodística internacional, John Allen: "Quien esté al corriente de la respuesta del Vaticano a los abusos sexuales, sabe que Benedicto XVI no es parte del problema sino parte importante de la solución". Para aclararse mejor en medio de esta fuerte tormenta y medir el tema en su justa medida.
Cuando el hombre pierde el miedo a equivocarse es LIBRE. Eso es la REDENCIÓN. El PERDÓN. Cuando el hombre es consciente de que hay perdón rompe el último baluarte de los enemigos de la LIBERTAD, que es meter miedo. Se pierde el miedo incluso a la propia equivocación, se es más libre y entonces saca lo mejor de si mismo.
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jueves, 8 de abril de 2010
JOHN ALLEN: "LA BATALLA DE BENEDICTO XVI CONTRA LOS ABUSOS SEXUALES"
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miércoles, 1 de julio de 2009
LO QUE DE VERDAD PASA EN HONDURAS
Comenzaré diciendo que tengo familia y muy buenos amigos en el querido país centroamericano. Algunos de ellos, ante la sesgada información que está surgiendo estos días en la opinión pública internacional, me han pedido que dedique unas breves líneas a explicar lo que realmente está pasando. Lo hago encantado, sin ánimo de sembrar ninguna polémica, pero muy consciente de que, una vez más, la verdad es ahora políticamente incorrecta. Resulta que en Honduras, al igual que ocurre en EEUU, tienen la buena costumbre de limitar el mandato presidencial a unos años. Cuatro en concreto. Vamos, que un presidente de gobierno sólo puede estar en el poder ese periodo de tiempo y no más. De hecho la constitución prohíbe expresamente reformar ese artículo por cualquier procedimiento. Al actual primer ministro Manuel Zelaya, elegido democráticamente hace tres años, esta sana y democrática costumbre no le gustaba mucho y decidió, con métodos poco democráticos, cambiarla para poder seguir gobernando en el futuro. A tal efecto convocó un referéndum ilegal. Todas las instituciones democráticas habían advertido de que ese procedimiento estaba al margen de la legalidad. Cuando digo todas, digo todas: el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, la Procuraduría General de la República o el fiscal general del Estado e incluso el Partido Liberal, al que pertenece el propio Mel Zelaya. A pesar de todas estas trabas y negativas el presidente se encabezonó en llevar a cabo la consulta, si hiciera falta, hasta con ayuda de milicianos reclutados en las peores dictaduras circundantes. Desde todas esas altas instancias del estado hondureño se decreta entonces la destitución y detención de Zelaya. El ejército se adelanta y, amparándose en la constitución, decide sacar del país al tipo que estaba incumpliendo muchos de los imperativos de la Carta Magna. Así es como los militares en tan sólo seis horas cumplen una orden de la Justicia, avalada por el Parlamento y por el resto de instituciones vigentes del país. Puede que las formas no fueran las más adecuadas, es cierto, pero la presencia y pretensiones de Zelaya y su proyecto sólo podían provocar más tensiones en la calle y un conflicto de mayor dimensión para todo el país. No se trata por tanto de un golpe militar, sino de una medida drástica tomada por las instituciones legítimas. El ejército hondureño, amparado por el artículo 375 de la Constitución, ha actuado para proteger la Constitución frente al golpista Zelaya. Las instituciones de Honduras han tenido un comportamiento democrático ante una situación antidemocrática: cumpliendo las órdenes legítimas, el Ejército destituye a Zelaya, y siguiendo lo previsto en la Constitución, hace posible que se restituya el poder en la figura de Roberto Micheletti, presidente del Congreso, que además cuenta con el apoyo unánime de la cámara. Otra cuestión que parece que muchos han obviado a la hora de contar lo que pasa es la valiente y pacífica respuesta de la sociedad civil hondureña apoyando masivamente a Micheletti frente a Zelaya (veáse la foto). Ejemplar. Lo que subyace en el fondo de este asunto, aunque le cueste reconocerlo a la mayoría de los gobiernos occidentales, es la voracidaz expansionista de determinadas dictaduras latinoamericanas para sumar adeptos a su causa. No hay que olvidar que a Zelaya lo apoyan personajes como el ecuatoriano Correa, el sandinista Ortega, el indigenista Morales, Chávez el Bolivariano o el Castrismo de Castro. ¿Sospechoso, no? Pues a pesar de todo esto la OEA, la ONU, los Estados Unidos, España y la Unión Europea han apoyado y apoyan a Zelaya. No me extraña que mis amigos hondureños estén muy enfadados y preocupados. Se están escribiendo y diciendo grandes mentiras. Dios quiera que todo salga bien. Rezo por ello. (Más y mejor información en este artículo en inglés de Marc Lacey en el New York Times).
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